domingo, 27 de junio de 2010

Ya soy empresario. Quiero emplearme (I)

Dedique el tiempo a descansar, a meditar sobre sus prioridades y las razones por las que inició su emprendimiento.


Por: Julio Zelaya jzelaya@fabricadesuenos.net
Leímos para usted: Renato Lechuga.


¿Por qué debería usted leer este artículo? ¿Qué tal si usted ya es empresario, pero simplemente se cansó de serlo? ¿Qué tal que usted lee esto y se siente deprimido por no tener tiempo, dinero o paz? La columna de hoy le retará a hacerse algunas preguntas y orientar al nuevo empresario o al empresario de mucho tiempo. 
Escuché de un famoso predicador que “el mensajero es el mensaje”. Mientras escribo mis columnas, quizá estoy pasando justamente por la dificultad sobre la que escribo. Hoy es el caso. Me he sentido en momentos tan cansado que pienso por un momento cómo sería si simplemente dejara de hacer lo que estoy haciendo y me sentara a meditar. ¿Se ha sentido usted así? Momentos en donde está haciendo lo que más le apasiona, donde sabe que está viviendo su propósito, pero ¿y si hiciera otra cosa? Leyendo al respecto y conversando con uno de mis amigos y mentores pensaba en la importancia de recordarme de lo básico. ¿Por qué hago lo que hago?
Si usted ya es un empresario, seguramente ya ha pasado por las etapas clásicas. Si está pensando en iniciar un negocio, prepárese para vivir las etapas. No se preocupe, son normales. El estar preparado para ellas es la mejor herramienta que puedo trasladarle. Existen cuatro etapas por las que todo empresario pasa: entusiasmo, miedo, fatiga y depresión. 
Cuando inicia el negocio, el entusiasmo impera. Nada es imposible. Las largas horas parecen ser cortas y se olvida de dormir. Todo el enfoque y el esfuerzo yace en el nuevo emprendimiento que va tomando forma y es realidad. Si alguien le pregunta en ese momento sobre sus probabilidades de éxito, contesta “no importa que me cueste lo que me cueste, lo haré”. 
Luego de un tiempo y chocarse con la realidad o al aterrizar las proyecciones que en papel se hicieron al día a día del mercado, la segunda etapa toma su lugar: el miedo. “¿Estaré haciendo lo correcto?” “¿Debí de haberme metido a esto?”
Con el paso del tiempo, el miedo se torna en fatiga. Sus pensamientos pueden volverse un círculo de “ya me cansé de esto”. O quizá pensamientos como “mejor regresaré a emplearme de nuevo”. 
Si esta etapa persiste por un tiempo, usted podría entrar en una depresión. Empieza a dudar de su capacidad, de su futuro y todo panorama parece sombrío. Puede encerrarse a separarse del mundo y dejarse al olvido. 
¿Le ha pasado? A mí en ocasiones me ha pasado y me hacía la pregunta si era el único. Le soy honesto, incluso me daba pena comentarlo a otros empresarios. “¿Cómo voy a dudar de lo que amo hacer?”, pensaba. Leyendo a Michael Gerber, quien ha ayudado a más de 25,000 nuevos negocios, encontré que son las típicas etapas del nuevo o antiguo empresario. 
¿Cuál es la clave? Dedique el tiempo a descansar, a meditar sobre sus prioridades y las razones por las que en realidad inició su emprendimiento. Cada etapa puede revertirse y, en la medida en que recuerda el problema que resuelve con cada cliente o cada persona que ayuda con su emprendimiento, vuelve a llenarse y regresa ese entusiasmo que caracteriza al nuevo emprendedor. (Por cierto, sabía que entusiasmo significa Dios en mí. Por ello recuerde el poder de esas palabras). 
Fig. 1 Muestra a Pequeña Empresaria (Julia Guamuch), terminal zona 4 Cd. de Guatemala. Tomada por Renato Lechuga.
¿Está usted pasando por alguna de esas etapas? Por de pronto, agende tiempo para descansar. Reflexione sobre su propósito, sobre su esencia y sobre la razón que le llevó a iniciar ese reto en primer lugar. Recuerde que las motivaciones son la clave del nuevo negocio. En la columna siguiente veremos sugerencias prácticas para dar nueva energía a ese sueño que Dios confió en usted.
Cierro con un reto al emprendedor o emprendedora que hoy lee y se agrega valor: ¿Qué está haciendo hoy para alcanzar sus sueños?

domingo, 13 de junio de 2010

Quienes están dañando a los agricultores: ¿los que no los subsidian o los que no los educan?

Quienes están dañando a los agricultores: ¿los que no los subsidian o los que no los educan?

Autor: Polan Lacki
Estimado Sr Lechuga
Por supuesto que autorizo la publicación de mis textos.
Le informo que no tengo ningun viaje previsto/comfirmado a Honduras.
Saludos  Polan
Leímos para Usted: Renato Lechuga García
Una observación empírica sobre la causa más profunda del éxito o del fracaso de los agricultores: El objetivo de este artículo es demostrar que el factor más decisivo para que un productor rural, pequeño/mediano/grande, rico/pobre, con crédito o sin crédito, con tierra propia o arrendada, tenga éxito económico es su eficiencia técnico-productiva, gerencial y comercial; y ésta a su vez depende de que posea conocimientos útiles que sean aplicables en la solución de sus problemas. En mis 45 años de labores como ingeniero agrónomo extensionista ejecutadas en 19 países de América Latina, bajo gobiernos de derecha y de izquierda, civiles y uniformados, democráticos y dictatoriales, "estatizadores" y privatizadores, nunca encontré un agricultor realmente eficiente que se quejase de falta de rentabilidad. Los múltiples ejemplos que vi con mis propios ojos en todos estos países me enseñaron lo siguiente: el éxito económico de los agricultores inexorablemente tiene que ser sinónimo y consecuencia de su capacidad para evitar, corregir o eliminar los errores e ineficiencias que ocurren en las distintas etapas del negocio agrícola.

En América Latina durante más de cinco décadas una gran cantidad de "deformadores" de la opinión pública y pseudo-defensores de los pobres rurales, causó y sigue causando un enorme daño a los agricultores. Esos malos consejeros, en vez de poner énfasis en la "imprescindibilidad" y urgencia de mejorar la formación y capacitación de los productores rurales para desarrollar sus potencialidades latentes y sus capacidades de solucionar sus propios problemas productivos y económicos:
 Muestra un afiche que publicita una historia de proyecto fracasado…
1) Siguen diciéndole a los agricultores apenas aquello que les es agradable oír, como por ejemplo, que ellos son muy eficientes y que las causas que originan sus problemas económicos, están fuera y muy lejos de sus fincas y comunidades. Que dichas causas están en los gobiernos de los países ricos que subsidian y protegen a sus agricultores, que están en los gobiernos de sus propios países que no los subsidian ni los protegen, que están en el imperialismo, en el neoliberalismo, en la globalización de los mercados y en los tratados de libre comercio. Y que, consecuentemente, las soluciones no pueden ser adoptadas por nuestros agricultores, sino que por los gobiernos de los países ricos, por la Organización Mundial del Comercio, por el Banco Mundial y el FMI. Y, domésticamente, por el Banco Central, por el Banco Agrícola o Rural, por el Ministerio de Hacienda o Economía y por el Congreso Nacional. Al decirles que sus problemas son causados por estos supuestos enemigos externos, que los agricultores no tienen la más mínima posibilidad de eliminar, tales mensajes están conduciéndolos al fatalismo y a la pasividad, porque indirectamente están diciéndoles que sigan esperando, pues:

a) si los agricultores no son los causadores, tampoco podrán/deberán ser los solucionadores de sus problemas y.

b) si las causas de sus problemas están fuera de sus fincas y comunidades, las soluciones también deberán ser buscadas fuera de sus tranqueras.

2) Pero estos malos consejeros no dicen a los agricultores lo que ellos deberían oír, como, por ejemplo:

Primero: Que, comparativamente a otros factores, estos "chivos expiatorios" tienen una incidencia mínima en el éxito o en el fracaso económico de los agricultores.

Segundo: Que en el corto y mediano plazo, son extremadamente remotas, por no decir nulas, las probabilidades de que esos supuestos enemigos externos sean eliminados. Entre otras, por las siguientes razones:
- aunque siempre digan lo contrario, en los hechos concretos los gobiernos de los países ricos están demostrando que seguirán, hasta dónde les sea posible, protegiendo y subsidiando a sus agricultores y;
- aunque no lo reconozcan públicamente, los debilitados y endeudados gobiernos de los países pobres están demostrando que no disponen de fuerza política para impedir que los países ricos sigan haciéndolo; y, lo que es peor, no disponen de los recursos financieros para imitarlos subsidiando a sus propios agricultores.

Mientras los productores rurales no sean advertidos de que estas pseudo-soluciones demagógicas y paralizantes son absolutamente no factibles e ineficaces:
- seguirán perdiendo tiempo, esfuerzos e irrecuperables oportunidades de progresar, porque sus atenciones estarán dirigidas a supuestos enemigos externos que ellos no pueden eliminar, en vez de concentrar sus esfuerzos en enfrentar los enemigos internos que son las ineficiencias existentes en sus propias fincas que ellos mismos podrían y deberían corregir y;
- seguirán preguntándose "¿qué es lo que nuestros gobiernos pueden hacer por nosotros?" en vez de preguntarse "¿qué es lo que nosotros mismos, con el apoyo de una educación ÚTIL proporcionada por nuestros gobiernos, podemos hacer para volvernos mucho más eficientes; y gracias a ello, menos dependientes de las ayudas paternalistas gubernamentales y menos vulnerables a los subsidios y medidas proteccionistas de los países ricos?".

Tercero: Que sería mucho más fructífero y productivo que nuestro sistema de educación rural formase y capacitase a los agricultores para que ellos aprendan a eliminar las ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas que, con demasiada frecuencia, están presentes en los distintos eslabones del negocio agrícola. Porque es debido a ellas que sus costos unitarios de producción son innecesariamente altos y los precios de venta de sus cosechas son innecesariamente bajos. Y, seamos objetivos y realistas, es exactamente en esta diferencia – entre el costo del kilogramo producido y el precio obtenido en la venta del kilogramo comercializado – que está el origen de la falta de rentabilidad; y, es debido a esta falta de rentabilidad que ellos están tan dependientes de ayudas paternalistas de sus gobiernos y tan vulnerables a las medidas que adoptan los países ricos.

Cuarto: Que, dichos errores pueden y deben ser corregidos con conocimientos y no premiados con subsidios. Y esta corrección depende mucho más de la capacidad de los agricultores que de las ayudas paternalistas que ellos reivindican. Cuanto mayor sea la eficiencia tecnológica, administrativa y comercial de los agricultores, mayor será su rentabilidad. Consecuentemente, corregir las ineficiencias del negocio agrícola debe ser el punto de partida si queremos enfrentar los problemas económicos de los agricultores con seriedad, realismo y objetividad.

Por supuesto que los agricultores no son los culpables de los errores que, involuntariamente y sin darse cuenta, están cometiendo. En realidad ellos son víctimas de nuestro inadecuado y descontextualizado sistema de educación rural, desde las escuelas fundamentales/primarias rurales, escuelas agrotécnicas y facultades de ciencias agrarias, hasta los servicios de extensión agrícola. Con poquísimas excepciones, estas instituciones no están proporcionando, ni a los extensionistas y ni a los agricultores, los conocimientos teórico-prácticos y útiles que ambos necesitan poseer para corregir las ineficiencias y solucionar los problemas de la agricultura. Sin lugar a ninguna duda, la baja calidad de la educación agrícola es la principal causadora de la pobreza y del subdesarrollo imperantes en las zonas rurales. Por lo tanto, el mejoramiento de su calidad deberá ser la gran y urgente prioridad. Concreta y objetivamente no existe ninguna razón para seguir postergándolo y justificándose para no hacerlo. Las instituciones educativas están convocadas a corregir sus profundas debilidades e ineficiencias. Ellas no pueden seguir actuando como si no tuviesen nada que ver con los sufrimientos, angustias y fracasos de millones de familias rurales que, por falta de una educación adecuada a las necesidades de vida y de trabajo en el campo, siguen sumergidas en la falta de oportunidades, en la desesperanza y en la frustración. La educación debe asumir la responsabilidad de proporcionarles una educación que les permita dejar de ser el gran problema para transformarse en la gran solución para los problemas de la agricultura y del desarrollo nacional.

¿Cómo llevar a la práctica esta propuesta educativo-emancipadora?

En la sección "Artículos del autor" de la página web http://www.polanlacki.com.br y http://www.polanlacki.com.br/agroesp (En el Libro de los Pobres Rurales) están disponibles los siguientes textos:

a) Los que describen las medidas, muy sencillas y de bajo o cero costo, que todos los agricultores podrían adoptar, por más escasos que sean sus recursos, por más adversas que sean sus condiciones físico-productivas y por más débiles que sean los apoyos de sus gobiernos.

b) Los que proponen qué y cómo hacer para adecuar el sistema de educación a lo que las familias rurales realmente necesitan aprender para volverse más autodependientes y más autogestionarias.

Hasta aquí están descritas las sugerencias destinadas a simplificar, “descomplicar”, "desideologizar" y despolitizar la solución de los problemas de la agricultura, haciéndolo con las herramientas de la ciencia, de la tecnología, de la administración rural y de la práctica de la auto-ayuda entre los productores rurales.

Y quién deberá hacerlo: ¿los ministros y otras altas autoridades o los propios educadores?

- Los ministros y secretarios provinciales/departamentales y municipales de educación, los rectores de las universidades, los decanos de las facultades de ciencias agrarias, los directores de las escuelas agrotécnicas y los directores de los servicios, públicos y privados, de asistencia técnica a los agricultores.

- Y, mucho más que las autoridades mencionadas en el ítem anterior, los propios educadores; porque existen medidas "eficientizadoras" y mejoradoras de la educación, cuya adopción absolutamente no depende de recursos adicionales ni de decisiones políticas de las altas autoridades educativas.

El fracaso de una educación, rural y urbana, que ofrece "el circo antes del pan"

El fracaso de una educación, rural y urbana, que ofrece
"el circo antes del pan" 


Autor: Polan Lacki
Estimado Sr Lechuga
Por supuesto que autorizo la publicación de mis textos.
Le informo que no tengo ningun viaje previsto/comfirmado a Honduras.
Saludos  Polan
Leímos para Usted: Renato Lechuga García

En los países latinoamericanos, un creciente porcentaje de jóvenes, del medio rural y urbano, ya está consiguiendo concluir la enseñanza fundamental y hasta la media o secundaria. Desafortunadamente, este éxito es más aparente que real, pues en términos concretos está produciendo resultados decepcionantes. Los jóvenes, ahora más escolarizados y con un horizonte de aspiraciones y ambiciones ampliado, se sienten frustrados, por no decir engañados.

Después de haber estudiado en esos largos 11 años, durante los cuales alimentaron la ilusión de que este esfuerzo les ofrecería un futuro de oportunidades y de prosperidad, ellos descubren que no están aptos ni para obtener siquiera un modestísimo empleo; pues egresan del sistema escolar sin poseer las "cualidades" que los empleadores esperan y necesitan encontrar en un buen empleado. Esto ocurre porque el sistema de educación, rural y urbano, no les proporciona los conocimientos útiles, las aptitudes necesarias y ni siquiera las actitudes y los valores que necesitan para ser buenos empleados; tampoco los prepara para que sean buenos ciudadanos y padres de familia que sepan educar, orientar, alimentar y cuidar de la salud de sus hijos, etc. Hablemos sin eufemismos, a excepción de lo que les fue enseñado en los tres primeros años (leer, escribir, efectuar las 4 operaciones aritméticas, aplicar la regla de tres y conocer el sistema métrico), prácticamente todos los demás conocimientos son irrelevantes para que ellos puedan tener un mejor desempeño en el trabajo y en la vida personal, familiar y comunitaria.

En esos ocho años posteriores, los pocos contenidos que podrían ser útiles suelen ser enseñados de manera excesivamente teórica, abstracta, fragmentada, y desvinculada de la vida y del trabajo, con lo que se transforman en virtualmente inútiles. Entonces, se impone la siguiente pregunta: ¿para qué estudiaron esos ocho años adicionales?

Seamos objetivos y realistas: ¿cuál es la utilidad o aplicabilidad en la vida cotidiana que tiene la enseñanza teórica de los logaritmos, los determinantes, la geometría analítica, la raíz cuadrada y cúbica, o la enseñanza "memorística" sobre la historia de Cleopatra o de la Emperatriz de Bizancio, los faraones y las pirámides del Egipto, la historia de la Mesopotamia y las altitudes de las Montañas Rocosas? Algunos defensores de este conservadorismo educativo afirman que tales contenidos son necesarios para desarrollar la creatividad, el ingenio, el sentido crítico e investigativo, el espíritu de iniciativa de los educandos y para ofrecerles una supuesta "formación integral". Personalmente, opino que existen formas más inteligentes y productivas para alcanzar tales objetivos.
Contenidos más cercanos – en el tiempo y en el espacio – a las realidades cotidianas de los educandos serían mucho más eficaces para desarrollar sus potencialidades latentes, para establecer relaciones entre causas y efectos, para evitar que repitan los errores que fueron cometidos en el pasado, etc. Otros teóricos afirman que es necesario mantener esos contenidos para "democratizar" las oportunidades de acceso a la universidad, ignorando que, en la mayoría de los países de América Latina, apenas 5 o 10% de los jóvenes tienen ese privilegio. En tales condiciones, no es lógico ni justo castigar y aburrir a los otros 90 o 95 % que no llegarán a la universidad, haciéndoles estudiar durante ocho años temas excesivamente teóricos, abstractos, lejanos, no utilizables y prescindibles, por no decir inútiles.

En la dinámica del mundo contemporáneo, los educandos tienen motivaciones e intereses mucho más inmediatos y concretos. Su principal aspiración es obtener un trabajo bien remunerado para acceder a los bienes y servicios que ofrece la vida moderna y poder constituir una familia próspera y feliz. Por lo tanto, una educación realista deberá estar orientada al logro de esos anhelos y necesidades concretas y prioritarias de la mayoría de la población; y no a proporcionarle una creciente cantidad de informaciones descontextualizadas, que son irrelevantes y no utilizables en la solución de sus problemas cotidianos.

La realidad concreta nos indica que, después de concluir o abandonar la escuela funda-mental o media, la gran mayoría de los educandos rurales:

A) en una primera etapa, van a dedicarse actividades agropecuarias, como productores o como empleados rurales, en las cuales fracasan, entre otras razones, porque la escuela rural prefirió enseñarles la historia del Imperio Romano y el Renacimiento Francés, en vez de enseñarles a producir, administrar predios rurales y comercializar las cosechas con mayor eficiencia; ignorando que este es el primer requisito para que puedan incrementar sus ingresos y, gracias a ello, sobrevivir con dignidad en el medio rural.
B) en una segunda etapa, después de fracasar en las actividades rurales, esos ex-agricultores y sus hijos emigran para las ciudades donde serán ayudantes de la construcción civil, albañiles, pintores o carpinteros, choferes, maniobristas o cuidadores de automóviles, policías y vigilantes, cocineros o mozos, y vendedores callejeros, empleadas domésticas o limpiadoras de oficinas y de edificios residenciales, barrenderos (recolectores de basura), oficinistas y obreros de empresas públicas y privadas, etc.; pues, en el mundo moderno son esas actividades urbanas las grandes empleadoras de mano de obra.
 Técnicos de La Ceiba Renato Lechuga Y José Miguel Lechuga en labores de extensión Forestal con el Maestro de primaria Gustavo Menéndez, comunidad El Pichelito, Melchor de Mencos Petén.
Lo anterior significa que los contenidos curriculares de las escuelas rurales no respondieron a las necesidades de los padres y ahora los contenidos de las escuelas urbanas no responden a las necesidades concretas de sus hijos. Para que esas mayorías puedan realizarse como personas y sean más eficientes y productivas, necesitan de conocimientos que sean útiles y aplicables para mejorar el desempeño en las ocupaciones mayoritarias recién mencionadas; y especialmente para que puedan desempeñar, con eficiencia, otras actividades que son más valoradas por la sociedad y por el mercado de trabajo. El barniz seudo cultural e intelectual, tan frecuente en nuestros obsoletos currículos, no contribuye al logro de ninguno de esos dos objetivos, pues los potenciales empleadores no están muy interesados en saber si los jóvenes candidatos a un empleo conocen la biografía de Montesquieu, Robespierre o Richelieu.

El abismo existente entre aquello que el sistema de educación enseña y lo que los educandos realmente necesitan aprender es sencillamente inaceptable. Esa disfunción educativa es tan perjudicial a nuestra juventud, al sector productivo y al futuro de nuestras naciones que no podemos seguir aceptando “teorizaciones”, justificaciones y elucubraciones de los "especialistas' que insisten en mantener en los currículos lo superfluo, en vez de reemplazarlo por lo esencial. La sociedad en su conjunto deberá exigir que el sistema de educación adopte transformaciones radicales, corajosas e inmediatas, pues las medidas cosméticas adoptadas por el referido sistema en las últimas décadas han demostrado ser mal priorizadas/orientadas, insuficientes e ineficaces. Los ciudadanos, quienes a través de sus impuestos, están financiando ese anacrónico sistema de educación y pagando las consecuencias de esa mala calidad educativa, tienen todo el derecho de exigirlo; y el sistema de educación tiene el deber de acatar esta justísima reivindicación. Los contenidos que la mayoría de los educandos, probablemente, nunca utilizará deberán ser sumariamente extirpados de los currículos y reemplazados por conocimientos que tengan una mayor probabilidad de ser utilizados por la mayoría de los educandos, durante el resto de sus vidas. Es necesario ofrecerles una educación que les ayude a que ellos mismos, puedan transformar sus realidades adversas, corregir sus ineficiencias y solucionar sus problemas cotidianos.

Las crecientes multitudes de desempleados/subempleados, pobres y miserables que no poseen dinero para pagar un techo digno, comprar los alimentos y las medicinas y mandar sus hijos a la escuela, al médico y al dentista, necesitan, en primerísimo lugar, de una educación útil, en el sentido de que las habilite a conseguir un trabajo/empleo generador de un salario razonable, con el cual puedan satisfacer las necesidades primarias de supervivencia de sus familias. Estas multitudes de "mal-educados" por nuestras escuelas no están muy interesadas en saber cual es la altitud del Everest o la extensión del Río Nilo; tampoco en conocerla historia de las competencias y batallas que ocurrieron en el Circo Máximo o en el Coliseo de Roma. Después que adquieran los conocimientos necesarios para ser empleados más productivos, mejores ciudadanos y buenos padres de familia ellos podrán buscar las oportunidades y fuentes donde adquirir los otros conocimientos que satisfagan a sus curiosidades y a sus intereses intelectuales y culturales. Esas oportunidades y fuentes de conocimientos no necesariamente deberán ser proporcionadas a través del sistema de educación formal (escolarizada). Es comprensible que los privilegiados de la sociedad que ya tienen acceso al pan deseen ir al circo. Sin embargo, la prioridad de la gran mayoría constituida por los no privilegiados, por los pobres, por los sufridos y por los abandonados es diferente, ellos quieren primero el pan y después el circo.

viernes, 11 de junio de 2010

La buena nota del día para Guatemala

Agricultura: si  somos  tan  ricos  ¿por  qué  estamos  tan  pobres?
Autor: Polan Lacki
Agradecemos al Dr. Marvin Melgar Ceballos por este artículo que nos remitió y lo compartimos a Guatemala. Atte. Gestor y Planificador Municipal Renato Lechuga García.
En  todos  los países  de  esta  privilegiada  América  Latina  tenemos  enormes  potencialidades  productivas  que  nos  permitirían generar  las  riquezas necesarias para autofinanciar nuestro desarrollo agrícola y eliminar el  subdesarrollo rural. 
En  primer  lugar,  tenemos  vastas  extensiones  de  tierras  de  buena  calidad,  clima  favorable  que  nos  posibilita  obtener  varias  cosechas  al  año  y  que  nos  permite  producir  ganado  exclusivamente  a  pasto;  y,  lo  más  importante,  tenemos  una  muy  abundante  mano  de  obra,  necesitada  y  deseosa  de  progresar con el fruto de su esfuerzo. 
En  segundo  lugar,  ya  disponemos  de los  conocimientos  (tecnologías y  experiencias  exitosas)  que  son  necesarios  para  hacer  una  muy  eficiente producción,  transformación  y comercialización  de  productos  agropecuarios.  Desafortunadamente,  dichos  conocimientos están  siendo  adoptadas apenas por una minoría de productores rurales más eficientes. Tal  exclusión  es  lamentable  porque  muchas  de  las  mencionadas  tecnologías  y  experiencias,  son  de  bajo  costo  y  fácil adopción, y  como  tales  podrían  y  deberían  estar  beneficiando  todos  los  productores  rurales  de  cada  país. Sin  embargo  ello  no  ocurre  porque  estos  valiosos  conocimientos permanecen  ociosos/subutilizados en  las estaciones experimentales, en  las universidades,  en  las  cooperativas,  en  las  páginas web y, muy  especialmente,  dispersas  en  las  fincas  de los  agricultores más   eficientes  que  ya  están   adoptándolas.  La  correcta  aplicación  de  las  referidas  tecnologías  y  experiencias  permitiría solucionar  gran  parte  de los  problemas  de  la  mayoría  de  los  productores  rurales.  Desafortunadamente  ello  no  ocurre  porque dicha  mayoría no las conoce o no sabe aplicarlas de manera correcta. 
En  tercer  lugar,  disponemos  de métodos  y  medios,  eficaces  y  de  bajísimo  costo (emisoras radiales y de televisión, e-mail, páginas web, etc.), a través de los  cuales  podríamos  y  deberíamos difundirlas  rápida  y  masivamente  en  beneficio  de  todas  las  familias  rurales.  En  resumen,  tenemos  a  nuestra  disposición casi  todos los requisitos necesarios para hacer una agricultura que  al ser mucho más eficiente y más productiva podría generar  las  riquezas que  necesitamos para reducir la pobreza y el subdesarrollo rural.
Y si es así ¿por qué no lo hacemos? Por la sencilla razón de que la mayoría de  nuestros agricultores no poseen las competencias necesarias para hacerlo; es  decir les faltan conocimientos, habilidades, actitudes y hasta valores orientados al autodesarrollo
¿Y  por  qué  los  habitantes  rurales  no  poseen las  referidas competencias? Básicamente  por  las  siguientes  cuatro  razones.  En  primer lugar, porque  los  conocimientos que  sus  padres  les  transmitieron  ya  están desactualizados  y  son  insuficientes para  que  ellos  puedan  sobrevivir económicamente en la agricultura moderna y globalizada. 
En  segundo  lugar   porque  las  escuelas  fundamentales  rurales  que,  para  la mayoría  de  los  habitantes  del  campo,  son la  única  oportunidad de  aprender algo  útil  para  la  vida  y  el  trabajo  en  el  campo,  enseñan a  los  niños muchos  contenidos irrelevantes en vez de proporcionarles los conocimientos necesarios  para  que  puedan ser  productores  más  eficientes  y  más  emprendedores,  mejores  padres/madres  de  familia,  mejores  ciudadanos,  empleados  más  eficientes  y  miembros  más  solidarios  y  participativos  de  sus  comunidades.
Existe  un  impresionante  desencuentro  entre  lo  que  esas  escuelas  rurales  enseñan  y  aquello  que  los  educandos  realmente  necesitan  aprender.  Gran  parte de sus contenidos curriculares no tienen ninguna aplicación en la solución  de  los problemas cotidianos de  los educandos, ya sean laborales,  familiares o comunitarios.  
En tercer  lugar porque  los servicios públicos de extensión rural---que podrían  y deberían contrarrestar las dos debilidades educativas hasta aquí analizadas-- -- están contaminados por las interferencias político-partidarias, burocratizados  y excesivamente centralizados. Con  tales  restricciones los extensionistas, aún en contra de su voluntad, dedican más tiempo a burocratizar en las oficinas que a capacitar a  los agricultores en  las  fincas y comunidades  rurales. Las pocas  veces  que  logran  ir  al  campo,  después  de  enfrentar  un  largo  peregrinaje  burocrático para obtener el vehículo, el combustible y  los viáticos, muchos de  los extensionistas no están en condiciones técnicas de corregir los errores que  los agricultores cometen y de solucionar  los problemas que  los afectan; estas debilidades  técnicas  de  los  agentes  de  extensión  ocurren debido  al motivo descrito a continuación. 
En  cuarto  lugar  porque  las  facultades  de  ciencias  agrarias  están excesivamente  "urbanizadas" y desconectadas de  la  realidad concreta de  los productores  rurales y de los potenciales  empleadores  de  sus  egresados.
Debido al rápido proceso de urbanización, la mayoría de los docentes ya es de extracción  urbana  y  no  tiene  un  adecuado  conocimiento  vivencial  de  los problemas  agrícolas  y  rurales.  Además  de  no  tener  la  referida  vivencia,  las facultades  ni  siquiera consultan a  los  empleadores  y productores  rurales para saber cuál es el perfil profesional que el mercado laboral está necesitando. La enseñanza  teórica  impartida  en  las  aulas  y  laboratorios no es complementada ni  validada  con  actividades  prácticas  en  las  fincas,  en  las comunidades  rurales,  en  las  agroindustrias  y  en  los  mercados  rurales. Las visitas  al  campo  suelen  ocurrir  recién  en  el  último  semestre  de  la  carrera, cuando  el  daño  en la  formación  de  los  estudiantes  ya  es  irremediable.  Las facultades estimulan  a  sus  docentes  para  que publiquen  artículos en  las  revistas científicas internacionales y los premian por esos "papers" para efectos de sueldos y promociones o ascensos; poco importando cuántas personas leen dichos  papers  y  cuál  es la  contribución  real  y  efectiva  que tales  escritos ofrecen a la solución de los problemas concretos y cotidianos de la gran mayoría de  los productores  rurales; olvidándose que son éstos  la  razón de ser  de  la  existencia  de  las  facultades. 
Mientras  tanto  las  actividades  de extensión universitaria que podrían acercar las facultades al conocimiento de la realidad agrícola y rural no reciben apoyo ni son consideradas para efectos de ascensos  y  premios  a  los  docentes  que  las  ejecutan  o  que  desearían ejecutarlas. Con una formación tan teórica y tan divorciada de las necesidades de  los agricultores y de  los empleadores no es de sorprender que el mercado laboral esté  rechazando a los  profesionales  que  de  ellas  egresan.  Las facultades siguen  formando  egresados para  el  desempleo  y  ello ocurre  no necesariamente porque la demanda es  insuficiente sino porque su oferta es inadecuada  a  las  reales  necesidades  de  los  demandantes  del  mundo moderno. Adicionalmente, a pesar de que en la prédica proponen el desarrollo rural  con  equidad  y  sin  exclusiones,  las  escuelas  superiores  de  agricultura priorizan y enfatizan la enseñanza de tecnologías sofisticadas y de alto costo, que benefician/interesan a un 5 o 10 % de  los agricultores de avanzada, pero desprecian  o  ignoran  las  necesidades concretas del  90  o  95  %  de  los productores  rurales  que  requieren,  en  carácter  prioritario,  de tecnologías sencillas y de bajo costo, para que sean compatibles con los escasos recursos que ellos disponen. Durante su paso por  la universidad,  los estudiantes tienen pocas oportunidades  de  desarrollar  su  ingenio  en  la  creación  de  soluciones más pragmáticas y adecuadas a  las adversas condiciones  físico-productivas y a  la  escasez  de  recursos  financieros  que  caracterizan a  los agricultores más pobres;  tampoco  tienen  la oportunidad de ejecutar con sus propias manos  las actividades más elementales y rutinarias que a diario realizan  los agricultores.
En  tales  condiciones  ¿cómo  podrán enseñar  a  los  agricultores  a  sembrar, regular  una  sembradora  o  cosechadora,  podar,  injertar,  ordeñar  una  vaca  o transformar  commodities  en  productos  procesados  de  manera  correcta,  si durante su  paso  por  la  universidad los estudiantes  no  tuvieron  la  oportunidad de sembrar,  regular  una  sembradora,  podar,  injertar,  ordeñar  y procesar/transformar commodities con eficiencia? Con tantas debilidades en la formación  de  los  egresados,  ¿cómo  esperar  que  los  servicios  de  extensión rural sean eficientes y promuevan los cambios que necesitan los agricultores y la agricultura?
Afortunadamente la corrección o eliminación de la mayoría de las ineficiencias y  distorsiones  recién  descritas depende en  gran  medida de  la  decisión  y voluntad personal de  los directores, maestros, profesores y extensionistas. Al contrario  de  lo  que  suele  afirmarse  la  corrección  de  estas distorsiones no requiere de altas decisiones políticas del  Poder Ejecutivo, del Congreso Nacional, del Ministerio de Educación, del Ministerio de Agricultura, de  las Secretarias   Provinciales/Departamentales de Educación y Agricultura o de los rectores de las universidades. Las medidas que realmente dependen de ayudas  externas podrán  ser  postergadas  para  que,  en  lo  inmediato,  los educadores puedan concentrarse en corregir lo que está al alcance de ellos. En la  página    http://www.polanlacki.com.br    están  disponibles  textos  que demuestran  lo  mucho  que  pueden  hacer  los  propios  profesores  y extensionistas para corregir estas debilidades, aunque no cuenten con recursos adicionales a los que ya están disponibles.
Esta  es  la  gran  prioridad.  Mientras  no  hagamos  estos  cambios  en  nuestro sistema de educación rural---sencillos y de bajo costo pero altamente eficaces y  de  un  enorme  efecto  multiplicador  y  emancipador----todos  los grandes proyectos  de  combate  a  la  pobreza  rural  seguirán  fracasando;  y  los gigantescos recursos en ellos aplicados seguirán siendo derrochados; tal como ha  ocurrido  y  sigue  ocurriendo  en  América  Latina  por  la  siguiente razón  de fondo: los afectados por la pobreza rural no pueden solucionar sus problemas, muchísimo  más  debido a  la  inadecuación  de  sus  conocimientos  que a  la supuesta  insuficiencia  de  sus  recursos  materiales  y  financieros.