domingo, 24 de junio de 2012

LA ÚLTIMA DE LA FILA


LA ÚLTIMA DE LA FILA
Más de la mitad de los alumnos repite el grado cada año, allí donde los niños carecen de servicios públicos y de salud. Allí en la escuela Rural Oficial Rural del caserío La Peñita, de Chahal, Alta Verapaz, la última de la fila en calidad educativa.
Por: Susana de León sdeleon@elperiodico.com.gt
La Ceiba  Empresa De Planificación Y Gestión Territorial Municipal De Guatemala
La jornada en la escuela de La Peñita, en Chahal, Alta Verapaz, comienza a las 7:30 de la mañana. Dieciocho niños q´eqchis entran al aula, chicos de playeras agujereadas y niñas de cortes vaporosos y desteñidos. La mayoría calza zapatillas o botas de hule, otros van descalzos. Tienen el semblante de quien acaba de despertar.
En las paredes cuelgan carteles con las vocales, los números y trabajos hechos en clase. El piso de cemento, poco a poco, se llena de un lodo fino y pegajoso que obliga a caminar con cuidado. Entrada la mañana, el vapor de la lluvia de unas horas antes se empieza a escurrir en las ventanas de vidrio, las pocas quedan en sus marcos. Se cuela el sopor de un clima cálido-húmedo del noreste de Alta Verapaz.
El reto del día de esos 18 niños de primer grado de primaria es realizar 10 sumas. “Wib’ (2) más Oxib’(3)”, pregunta Ingrid Coc, su maestra. “Ob’ (5)”, resuelve uno de los chicos que rodean su escritorio. La respuesta se esparce como pólvora, y todos se alborotan, quieren corregir la respuesta que descubren tenían incorrecta. El único borrador sobrevuela por los aires cada 10 segundos. “Cada niño recibió un borrador en enero, pero lo perdieron”, explica Coc. Sin un estuche para guardarlo, a 5 kilómetros la librería más cercana, o, sin el Q2.50 para comprarlo, es comprensible.
Ingrid Coc y Juan, uno de los 16 alumnos que cursa primero primaria por segunda vez.

Esta escuela oficial rural ocupa el último lugar en rendimiento educativo, según el anuario estadístico 2010 del Ministerio de Educación (Mineduc). Después de dos días con este grupo de escolares se entiende bien porqué, las razones son muchas; es desnutrición, es falta de servicios… es pobreza. De aquel grupo de 18 escolares, 16 repiten el año. Es más, de los 72 niños inscritos el año pasado, 45 reprobaron.
Los cuadros Prim no mienten, el temible NP (No Promovido) se repite varias veces. Es imposible ignorarlo y preguntarse, ¿por qué? Estas son algunas de las respuestas encontradas al conocer el caserío La Peñita, de Chahal, Alta Verapaz.
Kilómetro 263
Según Humberto Ak´abalen este país pequeño todo queda lejos: la comida, la ropa, las letras”. La Peñita está lejos de todo: del casco departamental (63 km.), de la ciudad capital (263 km.), del listado de los 166 municipios prioritarios de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan) –ocupa el puesto 105- y de la mente de todos los gobiernos. En 50 años nadie les ha proveído de agua, energía eléctrica, teléfonos, o un centro de salud, explica Víctor Tej, director de la oficina técnica de la Municipalidad de Chahal.
En papel está el proyecto con Deorsa, de llevar energía eléctrica a la comunidad. En la práctica solo un programa de gallinas ponedoras en el que participan 26 de las 44 familias de La Peñita. En general Chahal, su cabecera, carece de drenajes, no digamos de un médico del centro de salud al que acuden todas las comunidades.
La Peñita, fundada en 1962, tendrá el tamaño de la zona 11 de la capital, y la separan de la carretera principal, la Franja Transversal del Norte, unos 300 metros. Algunos cambios, apenas notan los pobladores: donde antes hubo un bosque tropical ahora hay palma africana, y en las partes planas, pistas clandestinas donde aterrizan avionetas por las noches.
El contexto social justifica el porqué del 50 por ciento del fracaso escolar”, explica Fernando Rubio, director de Reforma Educativa en el Aula de USAID. Eso ayuda a entender porqué en el área rural de Guatemala solo 3 de cada 10 niños terminan la primaria en los 6 años. Sin embargo esa relación es mejor que la de hace 20 años, cuando 5 de cada 100 terminaban en tiempo.
Los municipios con el mayor índice de fracaso escolar se encuentran en las zonas del altiplano y donde se habla un idioma maya, como Chahal, dice Rubio. Juan Tut, de 35 años, el alcalde auxiliar de La Peñita, estudió hasta segundo primaria. “Mis padres preferían enviarme a trabajar porque la escuela estaba muy lejos, a kilómetros”.
Solo primero primaria recibió la dotación completa de libros de texto.

De los 245 habitantes del caserío solo 5 mayores de 15 años saben leer y escribir. Todos fueron a la escuela, pero la deficiencia en calidad la arrastran desde 1962, cuando se asentaron.
La familia promedio de La Peñita consta de 10 miembros, su ingreso diario es de Q40, se alimentan de tamalitos de maíz, frijol, chile y café, los 3 tiempos, a veces 2. Trabajan sus tierras, parcelas de 15 manzanas, una labor en la que participa toda la familia, y en ocasiones trabajan en fincas cercanas. En días de siembra y cosecha, los niños no asisten a clases. Si alguien se enferma el médico más cercano se encuentra a 5 kilómetros, y solo está 2 veces por semana. No habiendo agua potable es frecuente que enfermen de diarrea por parásitos.
En otras palabras, los niños de La Peñita son pobres y con una nutrición deficiente que retrasa su desempeño, dice Mario Rodríguez, jefe del área de educación del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ipnusac).
Quién Reprobó En Realidad
“Cesáreo no va a venir por cuatro días”, explicó la acongojada madre a Ricardo Cucul, un maestro moreno de baja estatura, pero con altas expectativas para sus 8 alumnos de tercero, 11 de cuarto y 6 de sexto. “Mi esposo murió y él”, señaló al adolescente de 16 años, “se debe hacer cargo de las deudas de su padre”. Con las deudas se refería a pagar a sus vecinos en horas/hombre de trabajo realizado en su parcela.
Cesáreo es bajo de estatura (1.50 metros), viste una playera blanca y pantalón de lona. Sus ojos son expresivos y su voz es suave, él quiere ser maestro, una meta difícil de alcanzar considerando que ahora es el hombre de la casa.
En su aula conviven niños de 9 años y adolescentes de 19, todos reciben clases en q’eqchi’, comprenden español más que los alumnos de primero primaria. Ese miércoles recibieron Lectura, Matemática y Comunicación y Lenguaje. Cucul divide en tres el pizarrón de fórmica, uno para cada grado que atiende. “Cuando los profesores se enfrentan a estas condiciones, sus objetivos principales son la lectura, escritura y matemática”, dice Manfredo Sandoval, el coordinador técnico administrativo (CTA) del Distrito Escolar Chahal.
Existe una palabra que significa lo mismo en cualquier escuela: recreo.

Pero dejar a un lado materias como Formación Ciudadana representa desconocer la historia, la realidad, sus derechos y obligaciones. “Limita la visión crítica para convivir en sociedad”, asegura Aimée Rodríguez, coordinadora del área de estudios sobre educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
Los retos aumentan para el maestro multigrado: libros que llegan incompletos, niños sin útiles y refacción escolar solo para enero. El abandono del Estado en los procesos educativos afecta a todos, pero es más dramático en el área rural, dice Mario Rodríguez, de Ipnusac. “Los procesos de aprendizaje se atrasan en estas condiciones y es culpa del sistema”, agrega.
Entonces ¿Quién reprobó acá: los maestros, los alumnos, los padres de familia? Ninguno, ellos son las víctimas. Si de deducir responsabilidades se trata, dicen los consultados, el culpable es el Estado que ha descuidado los problemas estructurales y no garantiza las condiciones mínimas. El Estado reprobó la materia.
Cambio De Planes
Ingrid Coc, la maestra de primero y sus 18 alumnos, tenía el futuro planeado al graduarse a los 18 años: algún día sería administradora de empresas. Pero la pobreza la obligó a cambiar sus sueños. Ella representa a los 19 mil estudiantes que se gradúan cada año, y a los 4 mil contratados por el Mineduc, según estimaciones de Rubio.
Coc tiene 24 años y 2 de ejercer el magisterio. Esta es su primera experiencia con un grupo de primero primaria, todo un reto considerando que 16 de sus 18 alumnos son repitentes. La literatura educativa dice que los maestros con más experiencia deben impartir los primeros grados. Además, saber el idioma del lugar y por lo menos haber vivido 3 años en la comunidad para crear una red de contactos y así conocer la realidad de sus alumnos, afirma Rubio.
Los 3 maestros de La Peñita estudiaron magisterio, para nada están enterados de la discusión (si se le puede llamar así) entre el Mineduc y los Institutos Normales en la capital. Sin embargo reconocen la importancia de la actualización a nivel universitario, algo a lo que no puedan aspirar con los Q2 mil 400 de sueldo que reciben.
Los maestros de Chahal ignoraban qué lugar ocupaba en calidad educativa su escuela, el último. Se sorprendieron. Justo hubo entrega de notas al segundo día en la escuela, la noticia pasó sin pena ni gloria para los padres de familia.
Los tres maestros de 24, 28 y 33 años reconocen las dificultades a las que se enfrentan, el idioma por ejemplo: son una comunidad q’eqchi’ parlante y los libros les llegan en español. Niños con una pésima nutrición, apenas y comprenden lo que leen, o sumar 3 más 2. Su escuela es la última de la fila.
Estos son los retos a enfrentar para hablar de calidad educativa en La Peñita y el resto del país.

sábado, 23 de junio de 2012

En Guatemala llueve suficiente, pero pocos cosechan el agua de lluvia


En Guatemala llueve suficiente, pero pocos cosechan el agua de lluvia
En algunas regiones del país, como Cahabón, Alta Verapaz, se llegan a perder cada año hasta 3 mil 860 milímetros de  líquido en el invierno.
Gestión y Planificación Territorial Municipal
La Ceiba cpentandrahotmail.com
Guatemala
Desde el período Preclásico Tardío, los mayas reconocieron la necesidad de acumular o conservar agua en grandes “aguadas”, como una forma de centralizar el poder. La arqueóloga Lisa Lucero, citada en el estudio Hidráulica, Ecología, Ideología y Poder: Nueva Evidencia y Teorías en el Sur de Petén, explica cómo mediante el control del agua, esta civilización alcanzó su época de oro.
Las “aguadas” eran una especie de piscinas, excavadas en la tierra, recubiertas con piedra, donde se acumulaba agua de lluvia que luego se distribuía a través de canales en casas o palacios. Era utilizada en tiempo de sequía.
La práctica continúa hasta hoy en Petén, pero el líquido está destinado prácticamente para que beba el ganado, explica César de La Cerda, ingeniero agrónomo de la Dirección de Infraestructura Productiva del Ministerio de Agricultura. “Las aguadas no son más que hoyos en la tierra donde se cosecha lluvia”, indica.
En los años ochenta, el Gobierno promovió la construcción de embalses para aprovechar el invierno, agrega el experto. “El líquido se utilizó principalmente en proyectos de minirriego y en animales”, dice.
Saúl Pérez Arana, asesor técnico de la Unidad de Lucha contra la Desertificación y Sequía del Ministerio de Medio Ambiente y experto en cosecha de lluvia y gestión de recursos hídricos, comenta que en el país existe poco interés en promover la práctica para uso humano. “En 1989, con en el apoyo de la FAO se instalaron cisternas artesanales en Jutiapa, pero no se le dio seguimiento al proyecto. Después se elaboró el plan Lluvia 90-95, en busca de soluciones a la escasez de agua, en el llamado Polígono de Sequía (Corredor Seco), pero nunca se echó a andar. No hubo interés, ni financiamiento, ni apoyo internacional”, añade.
Para implementarlo se requería entonces, Q125 millones. “En esa época calculamos el área afectada por la sequía en unos 14 mil kilómetros cuadrados ahora superan los 53 mil”, indica. El plan habría mitigado el fenómeno, asegura.
Quita la sed
Corre el mito de que el agua de lluvia no quita la sed, señala Pérez Arana. “Pero esto no es cierto”, afirma. También de que es líquido contaminado. “Tampoco”, asegura. “El agua de lluvia es de las más puras”.
De La Cerda, en tanto, comenta que en algunas ocasiones no resulta recomendable utilizar el líquido de las primeras precipitaciones pluviales. “Se le llama lluvia ácida y está contaminada con partículas del ambiente”, dice.
Sin embargo, los dos coinciden en que la calidad del líquido puede durar entre ocho meses a un año si se almacena en tinacos, toneles, embalses, depósitos o recipientes sellados y lejos de los rayos del sol. “Filtros y cloro garantizan la pureza de la misma”, agrega De La Cerda.
En las áreas residenciales de la capital aunque existe poco interés en cosechar agua de lluvia, algunos han instalado depósitos en sus casas para aprovecharla. En las marginales o la periferia de la ciudad, en tanto, es común observar toneles o recipientes al aire libre que utilizan en la cocina, aseo mínimo y limpieza.
Según los expertos, las empresas constructoras deben incluir en la planificación de los proyectos este tipo de sistema de almacenamiento.
De la provincia también citan algunos ejemplos como el de Comapa, Jutiapa. En este municipio, hace 25 años, el Gobierno de turno instaló cisternas rústicas que en la actualidad pueden observarse en algunas casas. Ever William González, originario del lugar, explica que se promovió el sistema por la falta de agua en la comunidad. “Teníamos un grave problema. Por eso comenzamos a captar la lluvia, para paliar la crisis”.
En esa época González trabajaba como extensionista agrícola del Ministerio de Agricultura y su trabajo consistía en promover este sistema en las 14 comunidades del municipio.
Hoy, utiliza agua de lluvia para riego, abrevadero de ganado y uso doméstico. Prefiere comprar agua embotellada para consumo humano. Sin embargo, advierte, que con hervirla puede satisfacer esta necesidad.

Uso escolar 
>En 2011, los ministerios de Medio Ambiente y Educación promovieron la práctica en 46 escuelas localizadas en Huehuetenango, Quiché, Chimaltenango, Jalapa y Baja Verapaz, entre otras. Antes de que funcionara el sistema, los estudiantes tenían que cargar a diario un galón de agua.

domingo, 3 de junio de 2012

LOS VÁSQUEZ DE TOTONICAPÁN


LOS VÁSQUEZ DE TOTONICAPÁN
Ellos se rigen por un sistema tan antiguo como Mesoamérica, y les funciona. Un sistema en el que todos ponen, todos hacen, y en el que, como ellos dicen, no esperan a “papá gobierno” para solucionar sus problemas. Ellos son los habitantes de Vásquez.
Por: Susana de León • sdeleon@elperiodico.com.gt
Leímos Para Usted: Empresa La Ceiba,
Gestión Y Planificación Territorial Municipal
En Guatemala. cpentandra@gmail.com
A secas, Vásquez, como se llama la comunidad en el kilómetro 176 de la carretera Interamericana, en jurisdicción de Totonicapán. En la entrada se ve una inusual estampa, la de dos mujeres que suben y bajan una talanquera para permitir el ingreso. “Son dos quetzales”, piden. Propios y extraños pagan esa cantidad, y vale por todo un día de entrar y salir las veces que sea, claro, si no pierden la contraseña.
Allí las cosas funcionan, según sus propias normas. “No necesitamos tocar las puertas de papá gobierno para ver cambios”, de eso se ufanan su pobladores. ¿Pruebas?, la gestión y construcción de 4 nuevos kilómetros de carretera, 8 escuelas primarias, 2 secundarias, 2 academias de computación y carreteras sin basura.
La comunidad tiene más de 3 siglos según los títulos de propiedad que atesoran las autoridades locales.

A 2 mil metros sobre el nivel del mar el abrigo no es opción, es una norma, en especial si se trata de un lugar cual mote es “Alaska”. Vásquez es tan alto que hasta las nubes se pasean por la carretera y sus bosques, “como las ovejas que guiaron antes los primeros pobladores”, compara Roberto Vásquez, alcalde comunal del período pasado.
Los vasquences o tziles, pastor en k’iche’, se rigen por un gobierno local tan antiguo como los primeros habitantes de Mesoamérica. Y efectivo como la medicina natural, comparan. Allí todos se apellidan Vásquez, “haciendo a un lado uno que otro intruso, todos somos Vásquez”, bromean. Por eso en esta nota los pobladores entrevistados serán citados por su nombre de pila.

La Faena

Los domingos son días de faena, así ha sido siempre o al menos desde que Roberto tiene memoria. Desde las 4:00 de la mañana el pregonero, un hombre con tambor de cuerno de venado y baqueta de palo blanco, recorre los 12 caseríos vasquences. “Es para recordarle a los vecinos su compromiso”, dice.
Las tareas son diversas: desde limpiar la carretera y reforestar el bosque, hasta recorrer la aldea para revisar los mojones que marcan los límites con otras comunidades. Una actitud comprensible si se toma en cuenta la costumbre k’iche’ de defender el territorio a capa y espada, explican los antropólogos, y recuerdan los incidentes suscitados donde sus vecinos de Argueta se han ido a los golpes.
Todos los miembros de las más de mil familias participan en las actividades las cuales son obligatorias, y si no, se atienen a la sanción que recae sobre el mayor de la casa: multas, encierros y turnos extras de trabajo. Pero eso casi nunca sucede porque para ellos incumplir significa una falta de respeto. “Entre los k’iche’s es un asunto de responsabilidad, en especial cuando se trata de un servicio para el bien común”, indica el antropólogo noruego Stener Ekern, en el estudio, Para entender Totonicapán: poder local y alcaldía indígena.
 A partir de las 6:00 de la tarde se baja la talanquera y nadie puede entrar a la aldea.
“Verá, aquí son consideradas adultas las personas casadas aunque tengan 15 o 16 años”, cuenta Daniel Batz, vocal de la junta directiva comunitaria. Cuando el vasquence es mayor de edad, 18 años, puede optar a algún cargo en la junta directiva de la alcaldía indígena o de la Asociación de Miembros de la Aldea Vásquez. “Todo un honor considerando que muchas veces los gobiernos locales tienen mayor peso comparados con las autoridades municipales”, explica Mario Sosa, antropólogo social e investigador del Instituto de Investigaciones y Gerencia Pública (Ingep).
Su organización es tan antigua como la época de la conquista, explica, y desde entonces conservan el k’axk’ol o sacrificio en k’iche’, es decir el trabajo ad honórem realizado durante un año. Los 24 miembros de la junta directiva y los 56 representantes de los 12 cantones, se encargan del cuidado de los edificios educativos y la refacción escolar; en tanto los representantes de la aldea en la cabecera municipal, laboran en el balneario de agua azufrada, los alguaciles, guardabosques, del centro cultural, fontaneros y el hombre del cementerio. Esa es la faena.

Una Familia Extendida

El camposanto de Vásquez es distinto a los coloridos cementerios de otras comunidades indígenas. En ese lugar, el blanco y el gris predominan sobre las tumbas; es por respeto, explican. El 1 y 2 de noviembre se organizan 15 pobladores para evitar la entrada de personas en estado de ebriedad, aparatos de sonido, e incluso, de que los celulares estén apagados. “Todo por el respeto a nuestros antepasados”, explica Roberto.
Los antepasados, dice, los primeros Vásquez. “Las comunidades totonicapenses se dividen en clanes, por eso es común encontrar varias personas con el mismo apellido en un solo sitio”, explica Sosa, el antropólogo. Vásquez ocupa alrededor de 800 hectáreas de terreno, el tamaño de Antigua Guatemala, compara Mynor Pérez, director regional de Occidente del Instituto Nacional de Bosques (Inab).
Alrededor de la carretera se divisa un conjunto de casas de moderna fachada de una y dos plantas, la arquitectura de la remesa. Hay poco más de mil vasquences viviendo en Estados Unidos, según el censo de la alcaldía indígena. Pero no faltan las construcciones de adobe adornadas con flores y enredaderas donde las mujeres al frente de la misma tiñen los hilos para urdir sus cortes.
En Vásquez tienen contado y censado todo: 7 de cada 10 pobladores cuenta con electricidad, teléfono celular y luz; 9 de cada 10 niños asiste a la escuela; el promedio de hijos por familia es de 5. Sin un censo, saben y repiten, no sabrían cómo trabajar. “Cuando los niños tienen calentura o tos”, las enfermedades más comunes, según Víctor Vásquez, alcalde comunitario, “se acercan al centro de convergencia que hace las veces de clínica, pero la mayoría prefiere la medicina natural”.
Según la Comisión Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Conasan), en el municipio de Totonicapán 6 de cada 10 menores de 5 años padece desnutrición crónica. Sin embargo comunidades como Vásquez rompen esquemas. “Entre ellos son muy solidarios y no permiten que el vecino pase hambre”, conoce Sosa. Durante el recorrido por la aldea, saluda a Roberto un chiquillo de 12 años que no superaba la talla de un niño de 6: “Estamos viendo a dónde referirlo porque sus padres son alcohólicos, y mire el tamaño que tiene”.

Propiedad Comunal

Si Vásquez fuera un reloj, sus engranajes, los pobladores, valga la comparación, funcionarían a la perfección. Los guardabosques, uno de esos engranajes, protegen el “recinto sagrado del agua”; talar un árbol se sanciona con una multa de Q15, les quitan su machete –importante para ellos– y realizan un turno extra de trabajo en la comunidad. El bosque es una zona de recarga hídrica por encontrarse dentro de la cuenca del río Salamá, explica Mynor Pérez del Inab.
Al bosque solo entran los pobladores y quien logre ganarse la simpatía de las autoridades. Con ojos capitalinos estar allí es como una Navidad perenne por las especies de pinabetes y musgos que alberga. Pero tan valorado como los árboles son los nacimientos de agua allí.
Vásquez es un sitio donde la naturaleza y su organización lograron aminorar los impactos de la pobreza, según los antropólogos que la conocen. “El esfuerzo comunitario para construir la autonomía es de admirar”, resalta Victoria García, de la Universidad de Lovaina, Bélgica, socióloga que ha trabajado en comunidades de Totonicapán. Pero más importante, dice, sería contar con más presencia del Estado para realizar nuevas actividades productivas para su desarrollo.
Las dos mujeres de la talanquera enfundadas en gruesos suéteres esa mañana de lunes, probablemente estarán mañana preparando la refacción de la escuela. Pasado, ocupándose de sus hilos y sus telares, y al día siguiente, de vuelta a otra actividad comunitaria. Así transcurren los días para ellas y los demás tziles en Vásquez.

4 mil  los habitantes de Vásquez, según estimaciones de la alcaldía local.
"El manejo local del bosque aminora los impactos de la pobreza”.
Mario Sosa, Antropólogo e investigador del Ingep.
"En Totonicapán la palabra ‘política’ se utiliza de forma despectiva. La militancia en un partido político es mal visto por el gobierno local”.
Stener Ekern, Antropólogo noruego.

sábado, 26 de mayo de 2012

“Pareciera ser que la cultura guatemalteca es la de la confrontación”


“Pareciera ser que la cultura guatemalteca es la de la confrontación”
Elmer López, titular de la Secretaría  de Asuntos Agrarios (SAA).
Por: Beatriz Comenares
Leímos para usted: La Ceiba Gestión y Desarrollo Municipal
El gobierno de Otto Pérez Molina lanzó, días atrás, el plan para activar la política nacional de desarrollo rural, convenida en la administración anterior. De inmediato, varias críticas se suscitaron. El Secretario de Asuntos Agrarios se refiere a ellas.
¿Cómo superar la oposición expresada por grupos campesinos?
– Para eso es necesario entender las razones detrás del descontento. El sector estuvo involucrado, durante una década, en el proceso de diálogo que derivó en la suscripción del Acuerdo Gubernativo 196-2009, en julio de ese año, en el que se establece la política de desarrollo rural integral, la cual no avanzó a pesar de que el anterior gobierno tuvo año y medio para arrancarla.
¿Qué hizo falta?
– Nuestro análisis nos lleva a creer que la administración del presidente Álvaro Colom no contaba con las capacidades institucionales o políticas para implementarla. Además, y a pesar de que siempre estuvo vigente la mediación, se cedió irresponsablemente a ciertas demandas. Aunque el entonces ministro de Agricultura (Alfonso de León) hizo algunos intentos para que el Acuerdo cobrara vida, lo que incluyó reacomodos en la cartera y contratar asesores, no se hizo nada en concreto.
¿Qué opinan los grupos campesinos de ello?
– Yo les he escuchado decir a algunos líderes que todo fue una trampa. Sin embargo, cuando este gobierno asumió el poder tenía dos caminos: retomar el trazado o empezar de cero. Optamos por lo primero, debido a que su mayor fortaleza son los diez años de diálogo. Importante aclarar que, en su momento, solo se consensuó con los grupos campesinos y se dejó fuera a los empresarios, quienes también tienen que ver con el quehacer rural. De todas formas, era necesario activar la política. Tener aprobado un acuerdo gubernativo no significa nada.
¿Cuál es el proceso que se ha seguido en ese sentido?
– Este gobierno la adecuó estratégicamente, para hacerla viable.
En esta discusión, ¿dónde cabe la deuda agraria que el sector campesino pide que se condone?
– Esta es el producto de errores cometidos por diversos gobiernos. El campesino, hoy, además de garantizarse su canasta básica vital, debe pagar una deuda. Fontierras otorgaba parcelas y daba subsidio para adquirir activos que la hicieran productiva. Sin embargo, muchos optaron por emplear este dinero en pagar la parcela y garantizarse su propiedad, pese a que la tierra, por sí misma, no soluciona nada. Hoy, es preciso asumir estas equivocaciones.
¿De qué manera?
– No repitiendo procedimientos errados. Le cito otra modalidad cuestionable: el traslado de comunidades campesinas a fincas productivas. La meta de cualquiera es sacarle rentabilidad a la tierra en el menor plazo posible. Pero si nos referimos a grupos que primero deben subsanar otras necesidades vitales como vivienda, agua, luz, escuela, centro de salud, iglesia o carretera, la lógica no aplica. Estas personas pueden invertir años en reconstruir su comunidad. Lo económico productivo queda marginado ante necesidades urgentes. Algunos casos son lamentables.
¿Cómo cuáles?
– El de la Finca Pretoria, ubicada en las faldas del Volcán de Pacaya, el cual se encuentra bajo análisis en esta secretaría. Hacia ese lugar se trasladó, hace casi 10 años, a una comunidad de Todos Santos Cuchumatán. Sin embargo, solo el 40 por ciento de la tierra adquirida es cultivable. El resto se trata de grandes rocas donde no se puede hacer nada. En otros casos, las propiedades se vendieron con un enorme sobreprecio. La situación da cólera y tristeza, especialmente si se toma en cuenta que ello ocurrió dentro de una instancia –el Consejo Directivo de Fontierras– en el que todos los sectores tienen representación. Es difícil comprender cómo se permitió la adquisición de estas fincas.
¿Hay conciencia de estos errores entre los grupos campesinos?
– Ellos concentran su atención en que se condone la deuda. Para tal cosa, Fontierras propone analizar cada proceso cuestionable, que son menos de cien, y establecer cuáles fueron las fallas cometidas, la manera de enmendarlas y la forma de resarcir a quien haga falta. Pero el Presidente, en la reunión del martes, aseguró que esto no resuelve el problema: no soluciona ni alivia la pobreza. Es importante ir más allá e invertir en estas familias para que cuenten con servicios básicos y se conviertan en unidades económicamente productivas.
No solo los campesinos adversan la política de desarrollo rural. La Cámara del Agro también presenta objeciones. 
– Pareciera ser que la cultura nacional es la de confrontación. Nosotros tenemos una visión a favor de los derechos de los campesinos, y ellos nos acusan de clientelares. El mismo argumento utiliza el sector privado. Yo creo que, en el caso de  la Cámara de Agro, ve con desconfianza cualquier instancia que los saque de su zona de confort. Nuestra propuesta está enmarcada en ley.
Camagro argumenta que contiene inconstitucionalidades.
– Nosotros les pedimos a los técnicos revisar cada acción para no salirse del marco legal. En la Constitución, el bien común está plasmado como ideal a perseguir, y cuando Camagro argumenta que este concepto es ideológico, pues es entonces la Carta Magna la revestida de ideología. No hemos sabido aprovechar todas las herramientas que la Constitución otorga. Nuestro marco legal nos permite soñar con un país mejor. Pero si se avanza un poco, se nos acusa de estar violándolo. Ese no es el caso.Conceptos como acceso a tierra en forma gratuita generan dudas y temor.
Cuando Óscar Berger fue presidente, en esta secretaría se creó la Unidad de Atención de Crisis, como consecuencia de un problema de invasiones en Retalhuleu. En ese entonces, se firmó un compromiso para dotar de tierra, gratuita, a 900 familias campesinas. Se cumplió con 300, pero las 600 restantes siguen reclamando, documento en mano, por lo prometido. Durante la administración de Colom, la situación volvió a darse en la Sierra del Lacandón y en el Valle del Polochic. En más de 200 casos los gobiernos ofrecieron tierra, pero no existe el mecanismo para otorgarla sin cobros.
¿Qué hacer entonces?
– Poner en marcha un engranaje que lo permita y asumir los errores para evitar la acumulación de conflictos. Quienes protestan hoy recibieron ofrecimientos de tierra gratuita en el pasado, pero ello no está contemplado en Fontierras. La política agraria tiene que desarrollar los canales correspondientes para cumplir con estos compromisos, quizá desde la Unidad de Atención de Crisis de esta secretaría. Los fondos asignados para el fin deben manejarse con total transparencia y en forma sostenible. Lo repito: dar tierra no es suficiente si esta acción no viene acompañada de estrategias que saquen a la gente de la pobreza.
¿Es necesario crear un Ministerio de Desarrollo Rural?
– Cuando Guatemala retomó el rumbo democrático en los ochenta, en el mundo se abogaba por el adelgazamiento del Estado. En este país desaparecieron varias instituciones que trabajaban el tema rural. Los colegas agrónomos recuerdan con nostalgia a Digesa, Bandesa y otras que atendían al sector campesino. Pero como la necesidad seguía existiendo se crearon nuevas unidades, bajo una óptica más empresarial, con mayor autonomía y argumentando que iban a funcionar mejor. Surgen entonces, entre otros, INAB, Ric y Fontierras. Sin embargo, ocurrió lo mismo que con las computadoras: el disco duro se fragmentó y se hizo inoperante. Igual pasa con la institucionalidad. Es importante “desfragmentar”, articular los pedazos en espacios cualitativamente diferentes, para poder, con eficiencia, fomentar el desarrollo. Esta cohesión y coherencia solo puede alcanzarse con el establecimiento de un ministerio. No es suficiente una comisión presidencial.
¿Cómo promover los encadenamientos productivos en el agro?
– Al encadenamiento productivo se le considera la “magia” que llevará el desarrollo al campo, pero este depende de la capacidad excedentaria del agricultor, y el 90 por ciento de la población rural no la tiene. Nuestra meta es que el 20 por ciento la llegue a alcanzar en el corto plazo, como parte de un sistema que abarca otros aspectos.
¿Qué otros elementos incluye?
– Hoy por hoy, la economía campesina no puede vincularse con cadenas productivas, por deseable que sea. El mercado va a sacarla de la situación en la que está y es ahí donde el Estado tiene que velar para que se lleven a cabo transformaciones en el área rural. Eso sí, los esfuerzos no pueden estar relacionados únicamente con políticas sociales: si estas sobrepasan los dos años se constituyen en asistencialismo, y si superan los cinco, originan dependencia. El campo debe producir alimentos, con lo cual se garantiza la seguridad estratégica y la soberanía. La siguiente meta es nivelar las condiciones de vida con las de la ciudad. La economía campesina puede generar valor.
¿De qué manera?
– Produciendo alimentos, en una primera instancia, para consumo y nutrición de la familia campesina. Ello eleva a toda la sociedad y la dota de mejores capacidades. Es aquí donde esta política se integra al Pacto contra el Hambre. Pero nosotros no estamos apostándole solo a esta grada inicial, sino a la siguiente: la generación de excedentes dirigidos a la economía urbana del país.
¿Cómo atraer inversión al agro?
– Es necesario diversificar los ingresos en el campo. Al lograr que el sector genere excedente, el camino está allanado. Sin embargo, es preciso solucionar, antes a los problemas de conflictividad que alejan cualquier posibilidad de invertir.
La política planteada le da prioridad a que la mujer tenga acceso a la tierra. ¿Por qué?
– En el área rural, es el hombre quien tradicionalmente cuenta con el título de propiedad. Si abandonan el hogar, su familia lo pierde todo, lo cual no ocurriría si la mujer fuera la dueña de la tierra. Por otra parte, está demostrado que ellas tienen mayor capacidad productiva y administran los recursos de mejor manera. Un tercer elemento a tomar en cuenta es la migración. Son cada vez más frecuentes los hogares en que son mujeres las cabezas de familia porque los esposos se han ido.
En el Congreso se discute desde hace mucho la Ley de Desarrollo Rural. ¿Cuánto se complementa con esta política?
– La única manera de lograr transformaciones es por medio de una ley, lo cual garantiza su trascendencia hacia futuros gobiernos. Esta política, por tanto, tiene que enriquecer las propuestas ya presentes en el Congreso, como la 40-84. Todos debemos de sentir como propios los cambios necesarios para transformar al país, incluso los grupos más radicales de ambos lados del espectro político.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Desarrollo rural: los desafíos en Guatemala


Desarrollo rural: los desafíos en Guatemala
Las perspectivas y las preguntas que se plantean ante el reto.
Por: Pedro Prado/ASÍES
Recientemente se llevó a cabo en La Antigua el Seminario: “Desarrollo rural en América Latina: preguntas, perspectivas y desafíos”, organizado por el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) con el apoyo de Asíes. Su objetivo fue “ofrecer un espacio de reflexión y debate sobre las tendencias y retos de desarrollo rural que enfrenta la región en la actualidad, y el papel que distintos actores pueden jugar en su abordaje”.
Coincidió con el lanzamiento de la Estrategia Gubernamental para el Impulso del Desarrollo Rural que fue presentada por Adrián Zapata. Es importante que la actual visión oficial del desarrollo rural reconozca su complejidad, porque trasciende entre otros a campos como la certeza jurídica, la sostenibilidad ambiental, la competitividad y la multiculturalidad. Si este abordaje se realiza de una forma coordinada, no solo desde las instancias del Gobierno sino con los actores sociales involucrados, puede constituir una oportunidad de crecimiento económico que se traduzca en menor conflictividad social e incremento del bienestar de la población. 
Se trató el papel que han jugado los programas de transferencias monetarias condicionadas, los cuales se han realizado en varios países de América Latina. Estos han contribuido a que las políticas públicas enfocadas a reducir la pobreza sean más progresivas y, como se señaló, han permitido una comunicación directa entre el ciudadano y el Estado que debe considerarse como un avance importante. 
Según se comentó, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo; sin embargo, es alentador que durante los últimos años se ha reducido más esa desigualdad que en otras regiones. Así también fue objeto de análisis el tema del gasto público, en donde el corriente sigue siendo más que el de inversión, lo que constituye una limitante para las inversiones públicas productivas canalizadas al desarrollo rural. Se resaltó la necesidad de una evaluación constante del gasto público, lo cual está ligado al tema de una administración pública medida por resultados. Todo esto llama a la reflexión para mejorar la planificación y ejecución presupuestaria.
Las experiencias internacionales que conocimos acerca del desarrollo rural, relacionadas con instrumentos financieros como el microcrédito, resaltan la necesidad para Guatemala de una Ley de Microfinanzas que permita el desarrollo de los instrumentos financieros necesarios que empujen las economías locales. 

FONDOS ¿SOCIALES?

FONDOS ¿SOCIALES?
Evidentemente, el concepto original de un fondo social fue el de dar atención a comunidades que sobreviven en el abandono de un Estado que no se preocupa por voltear a ver a los ciudadanos con mayores requerimientos para poder salir del subdesarrollo y la pobreza.
Lastimosamente, como es costumbre en Guatemala, se hizo tal vuelta a dicha función hasta que se han convertido en el centro de negocios de funcionarios, organizaciones no gubernamentales y empresas que se han dedicado durante años y administración tras administración a obtener miles de millones de quetzales a cambio del mantenimiento de la pobreza, el abandono y el subdesarrollo de nuestros ciudadanos. Obviamente, fines distintos para los que fueron creados.
El trastorno de los fondos ha sido tal que se ha llegado a comentar cómo en algunos casos se planifica en torno a los recursos y no a las necesidadesHay una “broma” de un funcionario que pidió la construcción de un puente y que “ya luego nos preocupamos de encontrar el río” y el peor degenere de ellos fue cuándo a la oscura y maliciosa forma de manejar el dinero, se le agregó la manipulación política para que el hambre y las demás necesidades de la población, fueran utilizados para obtener votos.
Es importante evaluar cómo es que han sido utilizados los fondos, en qué ha parado cada uno de ellos y la capacidad de fiscalizarlos. Simplemente, nos daremos cuenta que es escandalosa la relación de la inversión con el resultado. Ahora, con la creación del Ministerio de Desarrollo Social, se debe hacer la tarea que está pendiente: Garantizar y permitir que se fiscalicen los fondos y que las decisiones que se tomen, sean verdaderamente para atender las necesidades de una sociedad que, en su mayoría, lidia con la pobreza y la pobreza extrema.  Si el Ministerio no termina en eso, se repetirá la historia del fracaso.
Pero no nos debemos escandalizar ahora. Durante gobiernos y años hemos sido testigos de cómo es que los famosos “Fondos” han sido utilizados como dos cosas: Plataformas políticas y caja sin fin para los negocios.  Hemos sido oyentes de los escándalos en el manejo de la plata que, en algunos casos por miles y en otros por millones, han sido saqueados o “tranzados” desde esas oficinas. Y vuelve a ser momento de decir “no más”.
Pero para ello es importante que recordemos que no habrá funcionario público, personero de ONG ni empresario que haga contratos cochinos con estas entidades que detengan sus prácticas, mientras no sientan que ya “no se puede” seguir cometiendo esos abusos, porque las instituciones de fiscalización y justicia los perseguirán y porque la ciudadanía está lista a condenarlos por sinvergüenzas.
Repetimos que debe tomarse en consideración cómo fue la transformación de los fondos y colocar los controles necesarios en la formación del Ministerio con el fin de evitar que se repitan los vicios.

domingo, 13 de mayo de 2012

Los hijos de la ejemplar Aldea Carmelita


Los hijos de la ejemplar Aldea Carmelita
El municipio más grande de Centroamérica alberga una comunidad próspera, al norte, en medio del bosque tropical. Carmelita es una de las aldeas mejor organizadas de Petén, y un modelo de desarrollo reconocido más allá de las fronteras.
La Ceiba, Empresa de Planificación Municipal
Por: Susana De León • sdeleon@elperiodico.com.gt
Carmelita tiene 87 años y es dueña de 53 mil 797 hectáreas de la Reserva de la Biosfera Maya (RBM), un área semejante al departamento de Sacatepéquez. Sus herederos son 374 pobladores que llevan en las venas sangre mexicana, resultado de la cercanía con la frontera azteca, “a 35 kilómetros que se recorren en dos días a lomo de bestia”, dicen. Son protectores de los recursos naturales del bosque, su mayor proveedor.
Parece la descripción de una abuela que supo cultivar en sus nietos el valor del trabajo y la solidaridad, pero Carmelita es una de las 37 comunidades dentro de la RBM. “De las más organizadas y la única que conecta a los aventureros con el lugar más antiguo de Mesoamérica, el Reino Kan”, asegura Mario Contreras, alcalde de San Andrés, Petén.
Su municipio es el más grande de Centroamérica, según la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan), y con más bosque –93 por ciento es área protegida.
Es lugar de xateros o cortadores de xate, la palma empleada en floristería. Pero también una zona codiciada para la explotación maderera, la extracción de petróleo e invasores de terrenos por la riqueza natural, asegura Manuel Osorio, uno de los 30 que luchó por obtener la concesión del área, y cofundador de la Cooperativa Carmelita, en el campamento chiclero convertido en aldea.
Poner de acuerdo a 75 familias no fue tarea fácil, pero lo lograron. Los resultados saltan a la vista: 8 muchachos becados, hoy maestros de la escuela; 15 guías turísticos, una telesecundaria, y 184 asociados. Carmelita es tomada como ejemplo en Francia y países de Sudamérica, y el mérito es solo de sus habitantes.
A la sombra del pucté
A Carmelita, ubicada a 565 kilómetros de la capital, primero llegaron los aviones que los automóviles en los años cuarenta y ochenta, respectivamente, cuenta Contreras, el alcalde de San Andrés. 
A la orilla de una improvisada pista de aterrizaje las 75 casas de los pobladores se alumbran con lámparas de queroseno y candelas. Parecen luciérnagas perdidas en la inmensidad del bosque. Solo cinco familias cuentan con planta eléctrica. Las aguadas y pozos surten de agua a todos; de drenajes y tuberías ni hablar, cada casa tiene su fosa séptica.
“El sitio se asentó en 1925 como campamento chiclero. El fundador fue un mexicano llamado Atilano Cámara, quien tenía una hija, Carmelita, y tanto querían los trabajadores al patrón que nombraron el campamento en honor a la niña”. Esa es la historia contada por los pobladores de más edad. Ochenta y siete años después los techos de palma y troncos fueron sustituyéndose por láminas, tejas de barro, cemento y tablas.
Manuel Osorio, de 57 años, tiene decenas de anécdotas de años más recientes. “En los sesenta, los traficantes mexicanos de pieles, compraban a Q5 el pie de lagarto y tigre, una fortuna considerando que entre Q1.25 y Q1.50 se ganaban por cortar de 35 a 50 gruesas (70 palmas por paquete) de xate al día”. Y sin la opción de llegar a un acuerdo, como ahora en la cooperativa que otorga una cuota o mensualidad a sus familias.
A la luz del mediodía un mono se balanceaba en la copa de un árbol de pucté que cubría la fila de matas sembradas por la cooperativa para recuperar el área podada semanas atrás. Un compromiso que la comunidad aceptó hace quince años. Un compromiso, algo en lo que Ana Centeno no creía, “porque el bosque se va a terminar”, pensaba en 1995; menos en participar en una cooperativa. Cinco años antes el Conap había declarado reserva natural y área protegida a 5 municipios del norte de Petén, San Andrés entre ellos. Osorio y otros 30 pobladores buscaron la concesión de mil hectáreas de la RBM, movidos por el entusiasmo de Carlos Catalán, un líder comunitario de 30 años. “Hoy tendría 57”, dice con un dejo de tristeza. A Catalán un vecino inconforme con la idea le arrebató la vida disparándole por la espalda.
El líder asesinado alcanzó a enterarse de que habían obtenido la concesión en 1997. Los beneficios logrados por la comunidad, esos ya no los vio. Centeno, en cambio, la que no creía, sí. Ella vio y creyó. “Fueron las becas para los niños, el equipamiento del centro de salud, el trabajo para las mujeres y el mantenimiento del bosque los que me convencieron”.
LA COOPERATIVA
Centeno es bajita, de cabello ensortijado. Sus ojos redondos expresan entusiasmo cuando habla de su trabajo en la cooperativa, se encarga del control de calidad del xate que exportan a la empresa Continental Floral Greens, de Texas, Estados Unidos. “¿Es posible que una mujer con solo primero básico y siendo cocinera llegue lejos?”, se pregunta Centeno y se responde llevándose las manos al pecho “sí es posible, yo lo logré”.
De exportación se empezó a hablar 8 años después de recibida la concesión. Según datos de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport), en 2011 sus exportaciones alcanzaron los US$206 mil 810. En 2007 ella y la junta directiva viajaron a Brasil a presentar el modelo de desarrollo que propone la cooperativa: “un proyecto manejado por la comunidad, para la comunidad, que genera empleo al 80 por ciento de los habitantes”. 
El caso de Carmelita es conocido en países como Ghana, Nepal y Francia gracias a organizaciones como Right and Resources Initiative que aglutina iniciativas forestales en Asia, África y América Latina. Y Agter, con sede en Francia. Los sitios de Internet de ambas presentan el esfuerzo de los 184 asociados como un caso ejemplar y un modelo a seguir.
Explican cómo rotan el cultivo de xate sin generar presión al bosque en las 43 mil 152 hectáreas que trabajan (no tocan 10 mil 645) en 50 campamentos nombrados según hechos o fechas relevantes al momento de asentarlo, como “Noche Buena”, en diciembre o “El quebrado” porque un xatero se fracturó, explica Gustavo Pinelo, coordinador de Rainforest Alliance, ONG que ha brindado asesoría técnica a la comunidad.
Los campamentos tienen doble propósito: en ellos viven los xateros durante dos meses, y atender a los turistas que se dirigen al sitio arqueológico El Mirador. En 2011 recibieron 2 mil 500 visitantes, atendidos por los 15 guías de la aldea. “Estamos certificados por el Inguat, el Intecap, Wildlife Conservation Society y Counterpart International”, dice orgulloso Carlos Crosborn, el actual presidente de la cooperativa.
Crosborn, de 27 años, pertenece a la nueva generación de líderes que la aldea cosecha. Es uno de los 8 maestros becados que retornaron a la comunidad para organizar y dirigir la escuela. “Los jóvenes de la aldea tienen dos opciones: marcharse a las cabeceras municipales a ocuparse en algún oficio o trabajar dentro de la cooperativa, extrayendo madera o cortando xate. Pero queremos que se preparen, que se formen y luego regresen, necesitamos médicos, abogados, administradores de empresas e ingenieros”.
En la comunidad
En Carmelita los niños no se enferman, aseguran las mujeres de la aldea. Es la dieta, comentan: frijoles, hierba mora y pescado. Y un medio ambiente limpio. “Pero si alguien necesita una operación o un tratamiento mayor, acude a la cooperativa y allí el picop lo llevará al hospital más cercano”, explica Centeno. Si alguien es mordido por una serpiente cuentan con dosis del antídoto, incluso cuando trabajan en el bosque. Por lo demás Carmelita duerme con ventanas y puertas abiertas.
¿Cómo se divierten en Carmelita?, les gustan las telenovelas. “La famosa Eva Luna nos tuvo en ascuas durante 100 capítulos a todos”, cuenta Bayron Hernández, un técnico forestal de Carmelita. No se la perdieron en sus  4 días de descanso tras 10 días continuos de trabajo.
Los habitantes de Carmelita ven hacia atrás y se sienten satisfechos por el camino recorrido. Pero tienen su lista de pendientes: un proyecto de energía eléctrica, fortalecer las ventas de xate y madera, y mejorar los servicios de turismo.
Allá donde las actividades cesan a las 6 de la tarde, las lámparas de querosén alumbran como luciérnagas en la noche en medio del bosque, donde las puertas no se cierran con llave, donde la narcoactividad no molesta a sus habitantes. Y el único tránsito que existe es el de las bandadas de aves al sobrevolar el bosque.
Carmelita no es una abuela, pero si lo fuera, estaría orgullosa de su descendencia.