jueves, 22 de marzo de 2012

En la Capital de Guatemala, se necesitan 220 litros diarios por persona; Empagua da 15


El agua tratada apenas alcanza a la mitad de la población de la capital.
Leímos para usted: La Ceiba
Consultora Y Gestora En Desarrollo Municipal
Por: Carolina Gamazo cgamazo@elperiodico.com.gt
Cualquier miércoles en el asentamiento Lomas de Santa Faz, zona 18. Ruth Noemí Valle se levanta temprano y comienza a llenar 2 toneles de agua y todos los recipientes que tiene a su alcance. Baña a sus 3 hijos pequeños y lava la ropa y los trastes acumulados en los 6 días anteriores. El miércoles es el único día de la semana donde el sector 1 de esta colonia recibe el agua por las tuberías instaladas en 2000.
Por 4 días de servicio, la Empresa Municipal de Agua (Empagua) cobra Q30 al mes. El problema está en que adeuda Q5 mil por un servicio que comenzó a recibir hace 6 meses. “Las facturas llegaban desde que instalaron las tuberías (hace 12 años), pero como el agua no llegaba yo no las pagaba. Y ahora Empagua dice que tengo que pagar todas los pagos retrasados”, explicó.
Para Ruth Noemí, costurera, madre de 4 hijos, además de que su marido está en el Centro Preventivo de la zona 18, conseguir ese dinero es imposible, y tampoco ve probable que le alcance para pagar el monto establecido tras un acuerdo, según el cual debe pagar Q500 mensuales durante 10 meses. En todo caso, también le cuesta pagar los Q10 por tonel que les distribuye un camión cisterna en esta colonia, por lo que intentan economizar al máximo las 10 horas de aguas semanales.
María José Salas, vocera de Empagua, dijo que debían evaluar este caso a nivel individual, y agregó que en algunos asentamientos se instala un macromedidor y son los vecinos quienes realizan el cobro comunal.
Cisternas y pozos
Pero la situación de esta colonia no es única. Según datos ofrecidos por la Municipalidad, las zonas con mayor déficit de agua son 17, 18, 24 y 25. De hecho, según información del Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA) de la Universidad Rafael Landívar, en 2009 Empagua potabilizó 63 millones de metros cúbicos para la ciudad; cuando basados en el número de habitantes –un millón– y el consumo estimado por persona, sería necesario potabilizar 116 millones de metros cúbicos.
El agua que abastece la Municipalidad alcanza para un consumo de 15 litros diarios por persona, pero la media es de 220 litros”, ejemplificó Carlos Godínez, asesor en la Unidad de Recursos Hídricos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), “muchos de nosotros no nos damos cuenta de la carestía de agua, porque la mayoría de familias ha optado por tener una cisterna o acumularla en toneles”, añadió.
La otra solución es abrir pozos particulares –de forma ajena a cualquier marco legislativo y estudio, y de los cuales no existe ningún registro–. Algo que por su costo es también un lujo al alcance de centros comerciales o condominios en zonas residenciales. Y que en algunas zonas, como carretera a El Salvador, zonas 1 y 2 tampoco es posible. Fulgencio Garavito, hidrólogo del Insivumeh, explicó al respecto que las características impermeables del suelo en estas áreas impiden que el agua se filtre, lo que no permite la formación de ríos subterráneos de los cuales pueda extraerse el agua.
Cuidar los barrancos
Empagua extrae agua de 94 pozos, y se abastece de un trasvase de los ríos Xayá y Pixcayá, desde Chimaltenango, así como de otras 4 presas.  Pero la disminución de los caudales de los lugares de extracción, también ha disminuido la cantidad potabilizada. “En otros países se han logrado alternativas, como los trasvases, pero en Guatemala es un problema de todos, y es difícil pensar en que otras municipalidades o departamentos nos van a permitir traer su agua”, dijo Jaime Luis Carrera, ingeniero del IARNA.
Este añadió la necesidad de una gestión integrada de los recursos hídricos. “Se dice que hay que darle agua a la gente pero en ningún momento se piensa en cómo tratar la que sale en las casas y cómo mejorar la eficiencia en su uso”, agregó. La otra alternativa, según Godínez,  consiste en respetar los lugares de descarga hídrica de la ciudad: los barrancos de zona 10, El Naranjo, el Periférico o Vista Hermosa. Pero dijo que es difícil solventar el problema. “No hay otra solución a corto plazo”, concluyó.
Soluciones municipales en estudio
1. Introducción de nuevos caudales
2. Sectorización de la red de distribución para reducir las pérdidas comerciales y físicas. Las primeras  corresponden a medidores en mal estado o alterado, conexiones clandestinas; la segunda corresponde a fugas visibles y no visibles y otros.
3. Campañas de educación para evitar el desperdicio de agua
Otras fuentes de abastecimiento:
>Presa La Brigada
>Embalse Teocinte
>Presa Pinula y Estación de Bombeo Hincapié
>Estación de bombeo Atlántico
> 94 pozos
68.8% En 2009 el acueducto Xayá Pixcayá proporcionó el 68.8 por ciento de agua a los hogares de Guatemala.
201,719 usuarios de Empagua en 2009.

lunes, 12 de marzo de 2012

Una receta para avanzar en competitividad


Una receta para avanzar en competitividad
Marian Geluk, directora de programa del ICEFood Chile, explica que la fórmula de Holanda ha sido la innovación que agrega valor y genera nuevos productos a partir de los alimentos. Cree que Chile tiene el potencial para hacerlo y ya trabajan en varios proyectos. Patricia Vildósola Errázuriz 
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Gestión y Planificación Territorial Municipal
Guatemala C.A.
Atricia Vildósola Errázuriz Holanda tiene muchas similitudes con Chile. Tierra cultivable limitada, producción agrícola y foco exportador. Sin embargo, está muy lejos y no sólo geográficamente. Ya hace años que ese país alcanzó y sobrepasó con mucho la meta que Chile busca de ser potencia agroalimentaria. Los holandeses no sólo están entre los top ten del planeta cuando se trata de agroalimentos, sino que son la segunda potencia del mundo en el tema. ¿Cómo lo consiguieron? Focalizándose en ser más que exportadores sólo de materia prima. Su apuesta fue, entre otras, invertir en innovación para optimizar la producción. Además, agregar valor a los productos y orientarse a desarrollar, a partir de lo que hay, nuevos productos, ingredientes, nuevos sabores o texturas para los consumidores y la industria alimentaria. 
En ese recorrido, los centros de investigación en alimentos son una parte clave. Uno de ellos, la Universidad de Wageningen, top ten en innovación en alimentos, está instalando en Chile el ICEFood o Centro Internacional de Excelencia para la industria de los alimentos. Desde ahí debería surgir lo que el país necesita: nuevos desarrollos que permitan dar un salto en competitividad al pasar de ser un exportador de alimentos frescos a uno de productos procesados. 
Marian Geluk, Acting Programme Director del ICEFood, explica que entre los atractivos que tiene Chile están la semejanza con Holanda y el potencial del país. 
"En los dos países el sector agrícola es muy importante, la posición exportadora de ambos es también clave. Lo que se ve en Holanda es que hay una gran inversión en innovación. Y creemos que eso también crecerá fuertemente en Chile".
-¿Qué puede transmitirle Holanda a Chile?
-El sector de procesamiento de los alimentos es muy importante en los Países Bajos. Muchas compañías tienen sus propios departamentos de innovación, pero también hay muchos centros de investigación y desarrollo. Chile es un país que tiene muchos productos maravillosos y tiene la ambición de agregar valor a esos productos, que es exactamente lo que nosotros hacemos. 
-¿Hasta dónde la innovación puede ayudar a Chile para mejorar su competitividad?
-En eso la innovación es extremadamente importante. Chile tiene una gran producción agrícola, pero los países que están a su alrededor también. La calidad de los productos chilenos en Europa tiene buena reputación y eso debe continuar igual. Pero es muy importante también agregar valor en todas las materias primas que poseen. Chile es muy fuerte exportando productos frescos, pero desde esa posición, si bien se puede ganar mucha plata, también se es muy dependiente de los precios del mercado. Sin embargo, creo que un giro en eso puede ser muy interesante y positivo; es decir, ir a procesar alimentos y agregar valor, al mismo tiempo. Eso permitiría obtener precios mucho más estables, ser capaces de exportar en el momento en que se quiere y ser menos dependientes de los productos frescos.
-¿Es decir, es la forma con la que Chile podría dar un nuevo salto y revertir la alta competencia que aparece?
-Si el negocio está yendo bien, pero experimentan una alta competencia, hay una necesidad de implementar cambios y ofrecer oportunidades para las empresas que tienen la estrategia adecuada y quieren crecer. Estamos hablando de las que, por ejemplo, están invirtiendo en el negocio de los ingredientes. Estos significan también servicios. Si se quiere vender ingredientes, tienen que vender servicios a otras empresas. Eso es lo que hacemos en Holanda. Con el alto nivel de educación que hay en Chile y la inversión contínua en eso, estoy segura de que puede hacer lo mismo que hemos realizado en Holanda. Es una forma de sumar competitividad.
-¿Están las condiciones?
-Chile está muy bien ubicado para hacer esa innovación. Creo que se requiere construir buenos links entre la industria y así seguir ampliar el círculo de la innovación. Es una forma de mantener el motor funcionando. La industria de los alimentos podrá mantener un portafolio de innovación, podrán darse cuenta de qué cosas pueden hacer por ellos mismos. Es importante que además sepan de dónde obtener colaboración. Ese es un tema en el que ICEFood puede agregar valor en Chile.
-¿Cómo ve la innovación en la industria alimentaria
-Recién estoy empezando a conocer lo que se hace en Chile. Pero me parece que hay excelentes capacidades. Lo que no he visto mucho es el encuentro entre el mercado y las empresas que buscan efectivamente la innovación, ni que éstas pongan a trabajar a los sectores del conocimiento para ayudarlos a obtener esa innovación. Creo que no hay muchas plataformas donde la industria y la ciencia se unan.
-¿En qué áreas se podría beneficiar más Chile? 
-Actualmente, son realmente muy fuertes en exportación de productos frescos. Ahí también hacemos cosas. Pero los mayores beneficios para Chile están en el área de los alimentos procesados. La industria de los ingredientes, por ejemplo, puede ser muy atractiva. Vemos en Europa que hay inversiones muy grandes y que se obtienen muy buenos márgenes económicos a través de la creación de productos que pueden ser guardados y movilizados fácilmente. Ahí uno se da cuenta de que la industria de los sabores o la de los ingredientes son las que están haciendo muchos avances enfocadas en responder lo que los consumidores quieren. Y creo que Chile definitivamente querrá jugar ese juego.
-¿Quién financiará la investigación y los desarrollos que se realicen en el país?
-Una asociación público-privada. El Centro de Investigación de la Universidad de Wageningen es uno de los centros que participa, pero también hay industrias y otros centros de investigación. Esta es una iniciativa gubernamental, por lo que habrá recursos de Corfo y de Conicyt. 
-¿Los proyectos son iniciativas estatales o de privados?
-De ambos. Eso es esencial para el éxito. Lo que hemos visto es que la innovación es un negocio de riesgo, lo que hace más difícil para las empresas invertir. Por ello, en todo el mundo, si el gobierno la quiere estimular, apoya a las compañías para que inviertan en I&D. Pero, además, es muy importante que las empresas también inviertan. Es una manera de encontrar el balance entre lo que pide el mercado y lo que ofrece con la tecnología y la ciencia. Y desde el punto de vista de las compañías, es importante que tengan una estrategia de innovación de hacia dónde quieren ir. Hay que estar muy conscientes del mercado, de las demandas de los consumidores y de los beneficios que les quieren hacer llegar.
Si sólo se invierte desde el punto de vista del gobierno, se puede perder el pull del mercado, por eso es muy importante que las empresas estén aquí desde el principio. 
De aquí surge una pregunta interesante. ¿Se puede desde el área del conocimiento ayudar a las empresas a definir sus estrategias de innovación? Algunos sienten que eso tienen que buscarlo. Y es ahí donde organizaciones como ICEFood pueden colaborar. 
-¿Cómo transferir la investigación al sector productivo?
-De dos maneras. La primera, porque las empresas participan desde el principio y determinan lo que hacemos. El trabajo en conjunto asegura que los resultados se usarán.
También hay empresas que tienen problemas para contar con un foco de largo plazo. A ellas se les puede aportar a generar un portafolio con lo que irán liberando cada año y que no trabajen sólo en el corto plazo. Nosotros estamos muy abiertos a recibir las demandas de empresas.
Además, desarrollaremos tecnologías de lo que nosotros detectamos que son oportunidades a nivel del consumidor. Y entonces nosotros proactivamente podremos decirle a la industria que creemos que esto puede funcionar bien frente a esta situación que hemos detectado.
-¿A partir de qué decidieron los proyectos en que trabajan en Chile?
-Los alimentos son un área tan importante en Chile que deberían surgir muchos más. No quiero que quede la impresión que hacemos una selección muy excluyente. Estamos abiertos a todas las alternativas, sabores, texturas o ingredientes para otros alimentos o beneficiosos para la salud.
En los proyectos que están:1. Adaptar la quínoa para el uso en alimentos de guagua y galletas, para lo que buscan desarrollar nuevos conocimientos y tecnologías que mejoren la producción y la integración de los distintos actores en la cadena. Lo coejecuta INIA, con apoyo de Nestlé Chile y Abbottagra (Francia).
2. Creación de productos de alto valor agregado para la exportación a partir de productos del mar y palta. Coejecutado por Universidad del Bío Bío, Chillán y CEAZA, La Serena. Con apoyo de las empresas Live Seafoods S.A.; B&B Limitada, ambas de Coquimbo, y Prinal, Santiago.
3. Desarrollo de ingredientes bioactivos y alimentos saludables a través del uso de tecnología innovadora en la producción y procesamiento de la palta, sus aceites y derivados. Lo coejecutan la Facultad de Química y Farmacia de la U. de Chile y el INIA, con participación de aceite Razeto.
4. Desarrollo de un cadena global superior de abastecimiento de fruta fresca -palta y uva de mesa- a través de la optimización del transporte y poscosecha, para reducir pérdidas y garantizar una sobrevida más larga y predecible a lo largo de toda la temporada. Coejecutores Inia y U. de Santiago, con el apoyo de Agrofresh Chile y de Winpack.

Minamisanriku, el pueblo que se llevó el tsunami


Minamisanriku, el pueblo que se llevó el tsunami
Se basaron en el terremoto de 1960 en Valdivia para planificar su prevención. Levantaron diques y cada año hacían simulacros. Pero nada de eso bastó el 11 de marzo pasado, cuando el tsunami en japón casi borró del mapa a Minamisanriku, dejando Mil muertos y 310 desaparecidos. Fue la ciudad que sufrió el golpe más brutal del maremoto, y hoy, A un año de la tragedia, sus sobrevivientes trabajan por reconstruirla, esta vez a prueba de maremotos. En total, en las tres provincias afectadas por el terremoto, la cifra se elevó a 15.844 fallecidos y 3.451 desaparecidos.
Por: Nieves Aravena, Desde Minamisanriku, Japón
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Gestión y Planificación Territorial Municipal
Guatemala C.A.
Aquí no hay otra opción que empezar de nuevo. Después del terremoto y tsunami que el 11 de marzo de 2011 arrasaron con el este de Japón, hoy sólo quedan vestigios de lo que fuera Minamisanriku, aldea de pescadores ubicada a 80 kilómetros del epicentro del mayor terremoto ocurrido aquí en mil años. Esta localidad fue la que sufrió el golpe más brutal del maremoto en toda la costa oriental: la ola arrasó con el 90 por ciento de su paisaje urbano. 
Hoy está nevando en Minamisanriku, igual que ese día aterrador. Sólo que este manto blanco que hoy disimula el paisaje destruido, en ese momento vino a empeorar las cosas. Muchos murieron por las bajas temperaturas atrapados bajo los escombros, tras el tsunami que borró esta pequeña ciudad costera, entonces de 17 mil habitantes.
La ciudad de Minamisanriku, en la costa este de Japón, tenía 17 mil habitantes. Luego de la ola de 16 metros que arrasó el pueblo, murieron 1.000 personas y aún hay 310 desaparecidas. 
 Jin Sato, alcalde de Minamisanriku, es uno de los que logró sobrevivir. En su interior guarda todo el trauma de lo vivido. Se cruza de brazos cuando habla de la catástrofe, se afirma y toca las cuentas de los dos rosarios budistas que asoman del puño de su camisa en su brazo izquierdo. Ese día, él estaba en una reunión cuando se dio la alerta temprana, que en Japón avisa a través de los medios que viene un gran remezón. Luego del sismo, se fue al centro de prevención de desastres que estaba al lado del municipio, en pleno centro. Una zona que supuestamente no se inundaba, hoy borrada del mapa. Iba a coordinar la evacuación tras la alerta de tsunami, pero no alcanzó a evacuarse a sí mismo junto a una treintena de funcionarios
Junto a otras personas, sólo pudo trepar a la azotea del edificio que se desarmaba entero y se abrazó a una antena de radio, mientras el agua le pasaba por encima. 
De ese edificio, hoy queda una estructura desnuda, un cascarón de fierros rojos que se ve de lejos en medio de la explanada ya despejada de escombros. A sus pies, hay un pequeño altar con oraciones, en banderas y tablas, y una imagen de Buda, en recuerdo de una veintena de personas que perdieron la vida ahí mientras intentaban salvar la de otros con sirenas y mensajes por altavoces. De vez en cuando, un vehículo se detiene y sus pasajeros bajan a hacer oración y se van con la clásica reverencia japonesa en señal de respeto. 
Una vez que las aguas bajaron, el alcalde Sato desescaló la estructura del edificio para liderar la atención de las personas damnificadas. Había desesperación de muchas familias por buscar a los desaparecidos, por alimentos y por abrigo.
Se sobrepuso, no sabe bien cómo. Tenía que trabajar y trabajar, sin mirar el reloj. "No soy una persona fuerte, creo yo. Pero soy la única persona que tenía que hacerlo, pues soy el jefe de municipio. La fuerza me vino de mi misión", dice. 
No era la primera vez que Sato sobrevivía a un tsunami. En 1960, el terremoto de Chile en Valdivia, de 9.5 grados Richter, el mayor del mundo según los registros, generó una onda que cruzó el océano Pacífico e invadió Minamisanriku con una ola de tres metros. Hubo destrucción de viviendas y 41 personas perdieron la vida. 
El aprendizaje de 1960 lo convirtieron en prevención. Se levantaron diques de 5,5 metros y rompeolas para proteger la bahía, y cada año se realizaban simulacros ante eventuales ataques del mar. 
Eso sirvió con la ola, no superior a dos metros, del 8.8 Richter del 27 de febrero de 2010 en Chile. Pero con esta masa de agua, que se extendió entre 15 y 18 metros, a una velocidad calculada de 100 kilómetros por hora, no sirvió de nada. "Teníamos un proyecto de prevención de desastres según las experiencias anteriores del tsunami de Chile, en que se suponía 6 metros la altura máxima. Habíamos construido los refugios donde no hubo daños. Pero la altura de este tsunami fue tres veces más de lo esperado y los refugios fueron destruidos. Los que estaban ahí murieron" explica Sato.
De 80 refugios para evacuados, apenas 30 no fueron inundados por el tsunami. Los muertos de Minamisanriku fueron cerca de mil, y hay unos 310 que siguen desaparecidos.  
En Minamisanriku, tras el terremoto y tsunami, hasta el 16 de abril no hubo energía eléctrica. Sin luz, se hizo más compleja la tarea de buscar a los ausentes. Sobre todo porque en esta época oscurece más temprano, como a las seis y media de la tarde. 
Masayuki Itou, un bancario retirado que vive en Sendai, se encontraba ese día compartiendo con familiares y amigos en Minamisanriku. Tras el terremoto salió para evitar la congestión en la carretera y no supo del tsunami hasta el día siguiente, porque en Sendai se cortó la luz y poca gente tuvo acceso a información. Quiso volver a ver a su gente, pero no pudo. "Esta carretera estuvo inundada como cuatro días, había algas, escombros, botes. Cuando logré llegar, les dejé todo lo que tenía. Me pidieron que les llevara calcetines para mantener los pies secos y seguir buscando a los perdidos".
La gente estaba muy traumatizada. En numerosas idas y venidas, desde Sendai, llevando ayuda, Itou recuerda haber conversado con una abuela. "Días después, ella no podía lavar su cara, me dijo, por miedo a sentir el agua. Porque al ver agua se acordaba de la gente que vio irse flotando". 
Piensa que muchos vecinos se confiaron y no evacuaron a tiempo, porque pensaban que sus casas eran seguras, fuera de la zona de inundación. Por eso, dice, se da la paradoja de que quienes vivían más cerca del mar se salvaron y murieron muchos de los que vivían un kilómetro más adentro. 
"Es difícil encontrar a los niños. Tengo unos familiares desaparecidos. No encuentro palabras, ¿qué les puedo decir?", revela Itou y luego muestra una foto de su nieto que juega con otro niño de 4 años, hoy desaparecido.
"Murieron muchos bomberos en las acciones de rescate. Perdí muchos amigos...", relata Shiatsu Ono, quien dirige la cooperativa de pesca de Miyagi, que reúne a gente de varios pueblos costeros, incluido Minamisanriku.
Dice que tenían 10 mil socios y casi 400 de ellos murieron, en su mayoría rescatistas. 
No fue el único dolor con que los marcó el tsunami. Estaba, también, la pérdida de la casa; Ono, como tantos otros, perdió la suya, pero además quedó sin trabajo. A lo largo de la costa, se destruyeron todos los botes y barcos pesqueros, unos 12 mil, de los que han recuperado unos 2.800 y los comparten entre todos para salir a trabajar.
No les ha quedado otra opción que trabajar en la limpieza del puerto, de las calles, en empleos que proporciona el gobierno. 
A un año, miles de toneladas de desechos se pueden ver como nuevas "montañas" en el paisaje de esta aldea. Las hay de vehículos, estrujados e irreconocibles; de desechos de viviendas, de maderas y de gruesos troncos y otras de una mixtura de desechos innumerables. Los japoneses pretenden clasificarlos y reciclar la mayor cantidad de estos materiales.
Minamisanriku ha elegido la figura de los moáis pascuenses como símbolo de la reconstrucción de su pueblo. Para ello, se han inspirado en la réplica de una de estas figuras, en piedra y unas tres toneladas, que estaba en una plaza junto a la de un cóndor para el día del tsunami. Ambas figuras habían sido donadas por el gobierno de Chile cuando se cumplieron treinta años del tsunami de 1960. 
El 11 de marzo del año pasado, la arremetida del mar desplomó la estatua del moái, la partió en dos y la arrastró cerca de 100 metros del lugar donde estaba. Los estudiantes salieron a buscarla entre los escombros. Hicieron una campaña hasta que dieron con la cabeza del moái. Luego la Mitsubishi los apoyó con una grúa y llevó la pieza al jardín de un colegio que está ubicado en Shizugawa, en la parte alta de la ciudad.
Los estudiantes secundarios de Minamisanriku creen que el moai puede ser el símbolo de la reconstrucción, y por eso han creado productos con esta imagen (barajas de naipes, llaveros, pins, galletas, calendarios) y las promueven en todas partes, en los taxis, en la oficina de turismo. Quieren obtener ingresos, donarlos para la reconstrucción y, de paso, levantar el ánimo a las familias damnificadas. También, han colgado en el edificio un letrero que dice: Sí, podemos, intentémoslo. "Yes, we can. Let´s try!".
Kikako Sato, vice-director del colegio, cree que tras esta tragedia, "los alumnos han aprendido el valor de la vida, la importancia de cada día". Tres estudiantes están desaparecidos, doce perdieron a su padre o a su madre y 32 perdieron a alguien de su familia. 
"Pienso en mi futuro y en la reconstrucción. Quiero estudiar y trabajar para ayudar a los ancianos", dice Yukinari Abe, alumno del colegio. Su compañera, Yukari Abe, piensa en la importancia de educar. "Este tsunami ocurre cada mil años y desgraciadamente yo lo viví. Por eso quiero transmitir a las nuevas generaciones las fotos y un video que hice, porque siempre tenemos que estar preparados". 
El intento por normalizar la vida avanza en Minamisanriku, en medio de las réplicas del terremoto que suman, hasta ahora, más de 600 sobre los 5 grados Richter.
En agosto de 2011, el ayuntamiento de Minamisanriku logró que todas las personas se instalaran en viviendas temporales construidas por el gobierno. Son casas prefabricadas de unos 45 metros cuadrados, con dos piezas, un piso de totora a la usanza japonesa, más baño y cocina, equipadas y hasta con climatización. 
Estas viviendas tienen estándares muy alejados de las mediaguas chilenas, y se estima que las familias podrán vivir ahí al menos por los próximos cinco años, cuando comience el regreso a sus casas definitivas. Mitsuku Tahahashi, de la vecina ciudad de Ishinomaki, está en una de ellas desde julio. Al huir sólo se trajo un Buda que cayó a sus pies, al que le hizo un altar. No siente apuro por la casa nueva. "Me voy a quedar mucho tiempo acá", asegura.
La planificación en Minamisanriku incluye reconstruir a la medida del reciente tsunami. Ya no más casas junto al mar; allí sólo estarán las fábricas procesadoras y los lugares de trabajo. En la explanada, hoy desnuda, habrá un gran bosque de protección, con espacios de recreación y un memorial para recordar esta tragedia. Y en la parte alta, las viviendas, los servicios, escuelas y hospitales. Echarán abajo los bosques de arriba y rellenarán terreno, para dejar a los habitantes a una altura segura, lejos del alcance del mar. El alcalde dice: "Según nuestro proyecto, demoraremos diez años. Nos quedan nueve". 
Escombros. A la izquierda, Masayuki Itou, quien después del tsunami viajó desde Sendai para ayudar a su familia en Minamisanriku. A la derecha, los escombros que dejó el maremoto, que aún se mantienen para reciclar todo el material posible. 
En total, en las tres provincias afectadas por el terremoto, la cifra se elevó a 15.844 fallecidos y 3.451 desaparecidos.
TEXTO Y FOTOS NIEVES ARAVENA, DESDE MINAMISANRIKU, TEXTO Y FOTOS NIEVES ARAVENA, DESDE MINAMISANRIKU, JAPÓN.

De cómo se forma un asentamiento


De cómo se forma un asentamiento
Los barrancos y laderas de la ciudad capital están llenos de historias de quienes animan a otros a instalar asentamientos. Esta es la versión de 5 personas que promovieron la invasión del asentamiento más joven de la ciudad, Coronel Jacobo Árbenz.
Por: Susana de León sdeleon@elperiodico.com.gt
Leímos para Usted: La Ceiba, Consultora en Gestión y Planificación Municipal.
La noche del 13 de enero, 3 soldados se preparaba para custodiar la entrada del Cuartel Militar Matamoros. El silencio de la calle se cortó con el sonido de los motores de 15 automóviles y los pasos de un centenar de personas con machetes, piochas y otras herramientas de labranza. Al principio los 3 uniformados verde olivo se sintieron amenazados, pero después entendieron la situación cuando aquel grupo cortó la maleza y dejó limpio el terreno. “Una invasión en proceso”, pensaron.
Aquellos 120 hombres y mujeres, trabajaban sin parar. “Un grupo acá y otro allá, tal como lo planeamos, compañeros”, les animaba Fidel Morales, aquel de lentes de montura plástica y morral al hombro que los dirigía. Al cabo de 5 horas, la primera de seis manzanas de extensión estaba lista para instalar un improvisado campamento.
Así la historia del asentamiento más joven construido en la ciudad capital; un casco urbano donde los barrancos, laderas y fincas estatales empezaron a escasear. Un fenómeno comprensible considerando la cantidad de familias sin casa; “tan solo en la capital existe un déficit de 400 mil viviendas”, explica José Gándara, presidente de la Comisión de la Vivienda, en el Congreso.
Estas familias traen consigo una sarta de anécdotas que coleccionan por su condición de nómadas. Fidel, el hombre robusto con lentes de montura plástica y morral al hombro es portador de estas historias. A los 10 años vivió en el Cerrito del Carmen cuando el terremoto de 1976 destruyó su casa en algún punto de la zona 1, no recuerda bien dónde. Después se trasladó al Barrio Gerona donde animó a sus vecinos a organizarse e invadir la finca El Zacate, una ladera cercana a La Limonada, en 1995.
Un pleito con el comité de vecinos de El Zacate, rebautizada como Santo Domingo El Tuerto, lo desligó del movimiento y se marchó. De nuevo aparece en escena en la Asociación Un Nuevo Amanecer que planeó el “Asentamiento Humano Coronel Jacobo Árbenz”. “Aquí las cosas se hacen de forma distinta, queremos un ambiente sano para los niños, por eso pedimos antecedentes penales y policíacos”, cuenta Morales. Incluso planificaron con asesoría de una arquitecta (de quien se reserva su identidad) para la ubicación de la escuela, una guardería y el salón comunal.
Son 6 manzanas de ladera seccionadas en 250 terrenos de 4 metros de frente por 7 de fondo; todos tienen dueño, pero solo 50 están ocupados. “Son las familias que en definitiva no tienen dónde vivir”, explica Morales. Por el momento compran agua, y no hace falta más que subir la vista a los postes de alumbrado para adivinar de dónde obtienen energía eléctrica.
La semana pasada, el comité de vecinos entregó una solicitud a la Empresa Municipal de Agua (Empagua) para que le construyan drenajes y un chorro que les surta del líquido. Pero los servicios quizá no lleguen. El lugar tiene 45 grados de pendiente, una ladera peligrosa, más cuando llueve, según Andrés Casasola, director de mitigación de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred). Sin el aval de la entidad, la Municipalidad no podrá responder a los vecinos.
“Alguna solución tiene que existir”, insiste Morales, pero abandonar el barranco definitivamente no. Mientras, observa desde lejos un tanque de agua al otro lado del barranco, a donde solía subir cuando necesitaba estar solo en Santo Domingo El Tuerto, y desde donde vio por primera vez el sitio que ocupó con 250 familias.
Marta
“No queda nada. Nada”, sollozaba Marta Valiente mientras observaba cómo las llamas consumían sus cosas; calcetas, golosinas y chicles, la venta diaria para subsistir. Una más en su lista de tragedias: en 2005 el río San Francisco se llevó su casa en Panajachel, Sololá; en 2007, su cuarto se hundió en el boquerón del Barrio San Antonio, zona 6; y el pasado 31 de diciembre perdió cuanto poseía en un incendio.
El consejo de un amigo fue la luz al final del túnel, “llegá al Frente Popular, ahí se reúne un grupo que piensa invadir un terreno”. De eso hace 9 meses. Marta encontró a una veintena de vecinos de distintos asentamientos de las zonas 1, 6, 18 y 21.
Tenían (y tienen) en común su precaria situación económica y que ninguno cree en las promesas del Gobierno: “Nos han ofrecido cosas y apoyo, pero nunca lo hemos recibido”. En febrero de este año, sin embargo, el Congreso de la República aprobó la Ley de la Vivienda (Decreto 9-2012). “Pero se necesita voluntad política y al menos Q2 millones anuales para resolver el déficit del área metropolitana”, reconoce el diputado Gándara, de la Comisión de la Vivienda.
Marta es la presidenta del asentamiento Jacobo Árbenz, llamado así “en honor al soldado del pueblo que repartió tierras entre los más pobres”, dice. Originalmente lo llamaron Poncho Bauer Paíz, pero su viuda los visitó para pedirles que buscaran otro nombre. La primera anécdota del asentamiento.
Igual que Marta, Otto (a secas) llegó a la Asociación Un Nuevo Amanecer, por consejo de un amigo.
Otto
Cansado de pagar Q650 por un cuarto de 4 por 4 metros donde vivía con su esposa e hija, decidió buscar un lugar para establecerse de manera permanente. “Aunque no sea legal, por el momento”, dice Otto. Es un perito contador dedicado a pintar casas y a colocar cielos falsos. Participa en las reuniones de la Asociación desde mayo de 2011.
Los vecinos que ocupaban terrenos estatales podían negociar con la entidad correspondiente para legalizar el área tomada, como era años atrás; esta vez las cosas son diferentes. La nueva Ley de la Vivienda indica que solo los terrenos invadidos antes del 31 de diciembre del 2007 tienen derecho a realizar este proceso, explica Gándara.

Negociar la legalidad de la tierra que ocupan no es opción para los habitantes del asentamiento Jacobo Árbenz, lo cual confirmaron el 14 de enero, un día después de la invasión. Un hombre con insignias militares, miembro del Comando de Apoyo Logístico del Ministerio de la Defensa, les advirtió que el terreno donde estaban, además de ser propiedad del Estado era un área peligrosa, pero no logró persuadirlos para que se fueran. De esa cuenta el Ministerio de la Defensa puso una denuncia ante el Ministerio Público (MP), dice Rony Urízar, vocero de la institución armada.
“No sabemos cómo proceder, ahora solo nos queda esperar”, se resigna Otto. Se siente comprometido con las 38 madres solteras, 16 padres solteros y las otras 196 familias del asentamiento Jacobo Árbenz. “Estos grupos se adaptan a cualquier condición, la necesidad los obliga”, explica Carlos Martínez, analista del área socioeconómica del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac).
Como al resto de vecinos los gastos agobian a Otto; también a Juan José, uno más del grupo fundador.
Juan José
Su voz es grave, acorde a su estatura y complexión robusta. Juan José Gómez, un panadero de 51 años, se considera un revolucionario, de cómo llegó a Un Nuevo Amanecer es muy representativo de su ideología: el 20 de octubre mientras caminaba por el Pasaje Rubio recibió la invitación de un amigo para unirse a la toma de un terreno y él aceptó.
El grupo se formó el 18 de mayo en un espacio cedido por el Frente Popular, meses después alquilaron un local para sus reuniones. Cada uno aportó Q100 para las letrinas, cal para marcar cada terreno, palos, plástico… todo lo necesario para invadir un terreno. Cuando Juan José se unió tenían lista la fecha y hora de invasión.
Así cada día se acercaban a preguntar por los terrenos más personas, sin embargo, los espacios se habían agotado. “Estas personas viven con la esperanza de encontrar un lugar propio, tanto por la necesidad de establecerse en un lugar como para amortiguar el costo de alquiler”, indica Martínez, el experto en asentamientos del Ipnusac.
Roxana
A dos meses de instalarse el asentamient Jacobo Árbenz, los niños corren por las improvisadas calles de tierra. Parecen muy adaptados a su nuevo hogar, incluso hay una tienda donde compran naranjas con pepitoria.
Debajo de los plásticos negros y azules que protegen a familias jóvenes y numerosas –la mayoría– sobresale la de Roxana. Sus hijos mayores hicieron sus vidas, vive solo con su hijo de 19 años con retraso mental. “Estaba cansada de pagar Q800 por una habitación donde no cabían más que dos camas. De baño propio ni hablar”. Asistió a la reunión en la 8a. calle de la zona 1 y aceptó participar en la invasión.
Los niños juegan en las empolvadas calles, como lo hicieron sus padres a su edad en algún asentamiento antiguo y como probablemente lo harán sus nietos si no se atiende el problema. Por ahora son testigos silenciosos de cómo se funda un asentamiento en 8 meses y una semana. Será información útil si deben ponerlo en práctica cuando crezcan y busquen casa.
30 mil las familias que necesitan vivienda cada año, según estimaciones del CEUR.
2 mil los casos de invasiones que Conred evaluó los últimos 2 años, en todo el país."La injusta concentración de la tierra en pocas manos es una de las principales causas del fenómeno”.
Mario Bravo, investigador de Flacso
EN LOS ASENTAMIENTOS
Los primeros asentamientos se fundaron en la ciudad capital después del terremoto de 1918. En la actualidad existen 400 en el área metropolitana, estima Mario Bravo, experto en el tema de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). En términos monetarios las viviendas informales tienen un precio elevado. “Si bien el trabajador no cobra su fuerza laboral, los materiales de construcción deben reemplazarse constantemente”, explica Florentín Martínez, investigador del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) de la Universidad de San Carlos (Usac).

"La pobreza es culpa de la ideología y la ignorancia". Esther Duflo


Esther Duflo:
"La pobreza es culpa de la ideología y la ignorancia".
Le saca los colores a las políticas antipobreza de gobiernos y ONG con 'Repensar la pobreza' un catálogo de soluciones efectivas. Esta joven profesora nos devuelve la esperanza de un mundo mejor.
Leímos para usted:
La Ceiba, Consultora en Gestión y Planificación
De desarrollo Territorial.
Aún no ha cumplido los 40 y la francesa Esther Duflo ya puede colgarse la medalla John Bates Clark (considerada una de las antesalas del Nobel) o presumir de estar entre las 100 personas más influyentes según la revista Time. Profesora de Alivio de la Pobreza y Economía del Desarrollo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (el famoso MIT), ha trabajado durante más de 15 años en países como Chile, India, Kenia e Indonesia para comprobar cómo funciona la economía de los pobres. El resultado es 'Repensar la pobreza' (Ed. Taurus), un libro escrito junto al profesor Abhijt V. Banerjee que Revoluciona Las Ideas Preconcebidas Que Sustentan Las Políticas Antipobreza De ONG Y Gobiernos¿Cómo? Aplicando la metodología que las farmacéuticas vienen usando hace décadas: grupos de control y de tratamiento, en más de 250 proyectos que su oficina coordina en todo el mundo. A las críticas –tratar a las personas como cobayas o aportar soluciones poco generalizables– responde con resultados: "Los cambios pequeños pueden tener efectos grandes. Es posible que los parásitos intestinales sean el último tema de conversación en una reunión de alto nivel, pero los niños de Kenia que recibieron tratamiento durante dos años en lugar de uno (a un coste de 1,36 dólares por niño y año) ganaron un 20% más al año de adultos, lo que significa 3.269 dólares a lo largo de su vida". Combatir la pobreza es su caballo de batalla y la tarea a la que ha encomendado su vida. "Mi madre era pediatra y colaboraba con una organización que ayudaba a niños víctimas de la guerra. Ella se aseguró de que nos diéramos cuenta de que no todo el mundo era tan afortunado como nosotros: veíamos películas, leíamos libros, participábamos en pequeñas acciones de ayuda... Siempre tuve la sensación de que la pobreza era un problema que no podía ignorar. Cuando me matriculé en la facultad y descubrí la Economía, descubrí también que podía darle sentido a mi vida dedicando mi carrera a resolverlo".
Mujer hoy. ¿Cuáles son las trampas de la pobreza?
Esther Duflo. Para los pobres, sacar el máximo provecho de su capacidad y asegurar el futuro de su familia exige muchas más habilidades, voluntad y compromiso. En cambio, los pequeños costes y barreras en los que nosotros casi ni pensamos se ciernen sobre sus vidas. No es fácil escapar de la pobreza, pero es posible con un poco de ayuda bien dirigida: un poco de información, un pequeño empujón. Las expectativas fuera de lugar, la falta de confianza y otros obstáculos aparentemente menores pueden tener efectos catastróficos.
¿Qué estamos haciendo mal con respecto al hambre?
Lo que necesitan los pobres no es cereal barato, sino alimentos enriquecidos. Es necesario incorporar nutrientes adicionales. Nuevas cepas de cultivos nutritivos y sabrosos, como las patatas dulces ricas en betacaroteno que se han introducido en Uganda y Mozambique. O generalizar la sal enriquecida con yodo y hierro, que ya se prueba en la India.
También fallan las políticas de prevención de enfermedades fáciles de evitar pero mortales, como la malaria. ¿Por qué?
Le contesto con una pregunta, ¿por qué los pobres no usan los servicios de prevención como mosquiteras contra la picadura de los mosquitos de la malaria, el cloro para depurar el agua o las vacunas? Por las mismas razones que nosotros ingerimos grasas trans o no hacemos ejercicio: falta de información, pensamiento débil, tendencia a dejar las cosas para más tarde. Nuestro sistema nos protege de una forma u otra, pero a ellos no. De ahí la necesidad de los incentivos, como ofrecer a las madres un kilo de dhal [un tipo de legumbre] cada vez que recorren la distancia que les separa de los servicios públicos de salud para cumplir con una vacuna. El pensamiento oficial rechaza estas medidas por paternalistas: las tacha de 'sobornos'. Pero, ¿acaso no es nuestro sistema paternalista? Necesitamos diseñar pequeños 'empujones' adecuados a cada contexto para que los pobres tomen las decisiones adecuadas.
En su opinión, ¿qué se puede hacer para extender la efectividad de los programas de educación?
En Madagascar, un programa informó a los padres sobre los ingresos adicionales que niños de contextos similares al suyo podrían obtener por solo un año de estudios adicional. Esto tuvo un efecto positivo importante en las notas de los exámenes y entre los padres, que descubrieron que habían infravalorado los beneficios de la educación. Resultados similares se obtuvieron entre los estudiantes de bachillerato de República Dominicana. Otro ejemplo: Un programa desarrollado en Kenia ofreció becas de 20 dólares para el año siguiente a las niñas cuyas notas estuvieran entre las más altas. Esta medida no solo consiguió que lo hicieran mejor, sino que impulsó a los profesores a trabajar más para ayudarlas.
Su trabajo, lejos de teorizar, se centra en el desarrollo experimental de políticas muy específicas y estrategias creadas para solventar problemas muy concretos. Debe de haber chocado con la práctica general de las instituciones, donde las grandes ideas mandan. ¿Alguna vez se ha sentido incomprendida o malinterpretada?
Malinterpretada quizá sea una palabra demasiado fuerte. ¡Y tampoco pretendo ser la única voz que clama en el desierto! Pero es cierto que existe un pequeño problema de escala en el espacio político: como la pobreza es un gran problema, necesitamos grandes soluciones. Hace unas semanas, en un debate de tele, alguien me dijo que mi libro era una guía muy útil para ONG, pero no para los gobiernos. El comentario me intrigó y le pregunté si realmente pensaba que la educación o las políticas para la salud no debían constar en la agenda gubernamental. Pero, claramente, lo que ellos tenían en mente era que la única vía para resolver el problema de la pobreza era la vía de China. En otras palabras: la solución a la pobreza pasa por un rápido crecimiento económico. Estoy a favor de esa idea, pero aún no hemos desentrañado el código que explica el fenómeno chino o si la fórmula puede ser replicada en otro lugar. Es necesario poner en marcha toda una red de políticas. Mi interlocutor tenía una palabra mágica en la cabeza: 'mercado' o 'capitalismo'. Pero no le interesaba cómo esos conceptos debían ser desarrollados.
¿Cree que nos hemos vuelto insensibles a la pobreza?
No, no creo que la gente se haya insensibilizado. Normalmente nuestro primer instinto es ser generosos. Lo que sucede es que, quizá, nos desanimamos por la magnitud del problema. Simplemente, el objetivo de erradicar la pobreza nos parece inalcanzable. Así que abandonamos. Por eso, un acercamiento más gradual puede ayudarnos a infundir nuevo vigor a la tarea, a reactivar la energía. Seguramente no podremos convertir a los pobres en ricos, pero sí enviar a sus hijos a buenas escuelas y sacarles de la pobreza. Eso debería estar dentro de nuestras posibilidades.
¿Por qué no funcionan nuestras políticas antipobreza?
En el libro hablamos de las tres 'íes': ideología, ignorancia e inercia. En nuestra urgencia por lanzar programas de ayuda, olvidamos comprobar si realmente solucionan y si los problemas realmente existen. Gastamos mucho en proveer de comida barata a los pobres bajo la creencia de que se mueren de hambre. Sin embargo, los datos demuestran que, excepto en las hambrunas, ellos tienen otras prioridades, con lo que el dinero que se ahorran en comida se lo gastan en ropa, alimentos ricos en grasas, tabaco... Sería mucho mejor proveerles de comida con más calidad, asegurándonos de que contiene los nutrientes que les hacen falta, como hierro o vitaminas.
De alguna manera, creemos en el determinismo de la pobreza...
Pero eso no es correcto ni justo. La pobreza pone sus trampas, mecanismos que hacen que persista generación tras generación. Por ejemplo: Si Eres Pobre, No Puedes Conseguir Un Crédito Para Comenzar Un Negocio. Resultado: Sigues Pobre. Pero la verdad es que no existe la fatalidad. Solo debemos encontrar las palancas adecuadas para liberar a los pobres de estas trampas
¿Por qué es mejor invertir en mujeres embarazadas y niños? 
Tenemos muchos datos que demuestran que nuestra vida está fuertemente determinada por cómo vivimos la infancia e, incluso, los meses anteriores a nuestro nacimiento. La nutrición de la madre tiene un impacto enorme en el desarrollo del bebé. Aquellos niños tanzanos cuyas madres recibieron suplementos de yodo lo hicieron mejor en la escuela que los que no pudieron acceder a él. Con una pequeñísima inversión en la nutrición de la madre, influimos en toda la futura vida de un niño. ¡La ganancia es enorme! Del mismo modo, prevenir las enfermedades durante los dos primeros años de vida y cuidar del desarrollo cognitivo y social del niño no solo afecta a los resultados escolares, sino al comportamiento adulto.
Leyendo su libro, advertí cómo esperamos que los pobres eviten comportamientos que nosotros mismos no podemos evitar, como no comer grasas saturadas, fumar, beber... ¿Les estamos pidiendo demasiado?
Sí, a menudo somos injustos con los ellos. Desde la comodidad de nuestras casas con agua caliente y calefacción, nos preguntamos por qué se calientan con carbón que hace daño a sus hijos o por qué no hierve el agua antes de beberla. El discurso oficial insiste en la responsabilidad individual y en el peligro de imponer cualquier política sin el convencimiento previo de los receptores. Es injusto: ni siquiera nosotros aplicamos esta norma.
Muchos pueden llegar a pensar, tal vez como excusa para no implicarse en el problema, que los pobres no tienen iniciativa o son perezosos, ¿es la clase de discurso que se utiliza para no hacer nada?
Ese tipo de razonamientos son habituales en el debate político estadounidense, casi siempre en boca de los republicanos más conservadores. Pero creo que tienen que ver con lo difícil que es ser pobre en un país rico. Nuestra percepción de los pobres de los países pobres es distinta, pero no creo que nadie admita abiertamente que piense que son vagos. Algunos pensarán que por la falta de comida son débiles o están limitados; lo que son víctimas de un sistema corrupto; o que tienen una gran iniciativa que solo debe ser estimulada y apoyada. Todas estas visiones tienen algo de verdad, pero todas están incompletas.