domingo, 27 de junio de 2010

Belice es nuestro... ¿vecino?

La Corte Internacional de Justicia cada vez está más cerca. Después de 150 años de disputa habrá una solución final e irrevocable al diferendo territorial con Belice. ¿Qué posibilidades tiene Guatemala de ganar? Varios analistas intentan darle respuesta.

Por: Marta Sandoval msandoval@elperiodico.com.gt
Leímos para usted: Renato Lechuga García


Los intentos de Ydígoras Fuentes y Kjell Laugerud
Para Ydígoras Fuentes recuperar Belice se volvió casi una cuestión personal. Hay quienes le recuerdan gritando en las calles, “Belice es nuestro”, acompañado de un coro de transeúntes. En 1962 le entregó al pueblo de Guatemala un escrito para instarle a luchar por el territorio. Se llamaba “Oración de los Destinos de Guatemala” y entre otras cosas decía esto: “Pueblo de Guatemala, levántate, ponte de pie, sé digno de la magna tarea que te piden los huesos de tus padres y abuelos; prepárate para cumplir otra de tus misiones: recuperar Belice, que ahora gime entre las garras de una gran potencia. Debemos recuperar Belice, nosotros o nuestros hijos, pero debemos hacerlo con la mirada hacia el futuro y con el anhelo de borrar la vergüenza que ahora nos sonroja. Si por evitar el choque le dejamos, él nos batirá después con más seguridad. No hablo para inspirar guerra con ninguna nación, ojalá tengamos siempre amistad y alianza con todos. Pero, si es necesario defender los derechos y el honor nacional con las armas no debemos jamás titubear en tomarlas”. Por supuesto, nunca se llegó a la guerra. Años más tarde Kjell Laugerud tuvo también intenciones de recuperar Belice por las armas, estaba ya fraguando un plan de ataque, pero el terremoto de 1976 lo detuvo.


Desapareció de los libros de texto. Los niños aprenden en mapas muy distintos de los que veían sus padres; a los nuevos les falta algo, esa porción de tierra al lado de Petén. Belice ya no está. En cancillería no lo dan por perdido, al contrario, la emoción se nota entre los miembros de la Comisión encargada de recuperarlo, se alegran de que por fin Belice haya aceptado ir a la Corte Internacional, para que un juez ponga el punto final al diferendo. Guatemala va a ganar, aseguran. 
Pero entre los analistas expertos en el tema, la emoción no es tanta. Ganar no será tan sencillo, la historia es larga y enredada. Durante 150 años, miles de negociaciones han terminando en la basura. Tratados como los firmados por Skinner Klee en 1931 y Eduardo Stein en 1999, podrían complicar las cosas, aseguran.

Todos los gobiernos guatemaltecos –desde Kjell Laugerud que casi se va a la guerra, hasta Serrano Elías que reconoció a Belice como un país independiente– han intentado de todo para recuperar una tierra que históricamente le corresponde a Guatemala, sin que hayan conseguido nada. Pero ahora estamos más cerca, llegar a la Corte es la forma de cerrar una disputa añeja. La pregunta es si estamos preparados, si tenemos los argumentos que hagan que un juez nos de la razón.
Para contestarla, primero hay que entender cómo empezó el conflicto.
Cómo empezó el conflicto
España decidió en 1783, mediante el Tratado de Versalles darles permiso a los ingleses para talar palo de tinte, una especie que abundaba en las espesas selvas de lo que hoy es Belice. Le otorgó una concesión de 4 mil 800 kilómetros con ciertas condiciones: no establecer colonias, no llevar material bélico o soldados y respetar la soberanía de España en esos terrenos. Tenían el derecho de talar los árboles y nada más. Los ingleses acataron la orden en un principio, pero poco a poco fueron extendiéndose del territorio que España les había “prestado”. En 1786 la Corona española les hace una nueva concesión, hasta completar 6 mil kilómetros cuadrados, las condiciones eran las mismas: no radicarse allí. Inglaterra entonces ocupaba todo el territorio entre el Río Hondo y el Río Sibún, en el norte de Belice; el resto del Río Sibún hasta lo que hoy es Puerto Barrios seguía en poder de España. Pero Inglaterra no cumplió con la condición de no llevar municiones. En 1789 los españoles intentaron recuperar su territorio y atacaron la Isla de San Jorge, en Belice, buscando expulsar a los ingleses, pero en poco tiempo los ingleses les dominaron y dieron por conquistado el territorio. Al parecer Inglaterra había ganado por las armas, pero no fue así. En 1802 se firmó el Tratado de Amiens en el que Inglaterra se comprometía a devolver todos los territorios conquistados a Francia y a España. Entonces Belice volvía a manos españolas, en teoría, porque los ingleses no salieron de allí.

Años después Guatemala firma su independencia de España y proclama su soberanía sobre todo el territorio que antes fue de la Corona española, Belice incluido. Pero los ingleses no se van. En esa época se pone en marcha la doctrina Monroe, impulsada por Estados Unidos y que postulaba que América debería ser de los americanos. En ese contexto, en 1850, se firma el Tratado Clayton-Bulwer, en el que Estados Unidos e Inglaterra se comprometen a no ocupar ningún territorio de Centroamérica. Pero Gran Bretaña no desocupa Belice. Seis años después Estados Unidos e Inglaterra firman el Tratado Dallas-Clarendon, donde acuerdan que el territorio de Belice es una excepción al tratado Clayton-Bulwer y que puede seguir en poder inglés, y para evitar problemas agregan que las fronteras deberán ser delimitadas con el Gobierno guatemalteco.

Entonces Gran Bretaña y Guatemala llegan a un acuerdo, los ingleses se quedan en Belice y a cambio construirán una carretera que comunique el Pacífico con el Atlántico. La carretera no se construyó nunca. En 1863 Guatemala reclama a los ingleses que incumplieron con su parte del trato y ellos ofrecen 50 mil libras esterlinas en compensación. Ya se sabe, tampoco pagaron y se quedaron con Belice.

Desde entonces se ha negociado con ellos y su respuesta casi siempre ha sido “not one inch”. Fracasaron todos los intentos, hasta 2008, cuando Belice aceptó ir a una Corte Internacional y que sea un juez quien decida. Una resolución histórica que podría ponerle fin a la disputa. Pero para llegar a la Corte hace falta todavía que los dos países consulten a sus ciudadanos.

En el acuerdo especial que firmaron Guatemala y Belice en 2008 se estipula que primero el Congreso debe aprobar que se realice una consulta popular; si el Congreso dice que sí, entonces el Tribunal Supremo Electoral debe convocarla. Belice tiene que hacer lo mismo para que la consulta se realice simultáneamente en los dos países. Si los beliceños votan por el sí y los guatemaltecos también, entonces, y sólo entonces, vamos a la Corte. Si los beliceños dicen que no y los guatemaltecos que sí, no podemos ir a Corte y tendríamos que seguir negociando como lo hemos hecho en los últimos 150 años.

“Lo más probable es que en Belice no aprobarán ir a una consulta popular, porque se pone en entredicho la integridad territorial de lo que su Constitución dice que es Belice. En su Constitución se marca el territorio”, explica Roberto Bermejo, abogado experto en el tema.

La duda que surge es si realmente estamos preparados para ir a la Corte, si tenemos los argumentos necesarios para recuperar un territorio que lleva en manos ajenas más de un siglo.
Rumbo a la corte
De acuerdo con Enrique Cabrera, internacionalista experto en el caso de Belice, Guatemala tiene muchas posibilidades de ganar el caso en la Corte, siempre y cuando la demanda se haga de forma astuta e inteligente. “Guatemala siempre ha negociado, nunca peleado”, opina, “una vez no cambien a la gente de la Comisión de Belice estamos cocinados. Si ellos van entonces vamos perdidos. Si a usted le roban su casa, ¿le daría el caso a un güisache? Si la tienen que operar del corazón, ¿dejaría que lo hiciera un practicante?”. A criterio de Cabrera, el Congreso antes de aprobar la consulta popular debería interpelar al Ministro de Exteriores y pedirle cuentas sobre la actuación de la Comisión. “Los argumentos los tenemos”, dice Cabrera, “el problema ha sido de incapacidad de nuestros internacionalistas”.

Bermejo ve muchos puntos en contra de Guatemala camino a la Corte. “Tendríamos más posibilidades de ganar el caso si se litiga ex aequo bono, que quiere decir sobre la base del principio de buena fe. Desgraciadamente en el convenio no se pactó así, sino juzgar conforme a Derecho y en estas condiciones con un alto grado de seguridad Guatemala está perdida. El procedimiento ex aequo bono lo venimos defendiendo desde hace muchos años porque es la forma en la que se puede ganar este litigio. Yo le pregunté a un miembro del consejo por qué no se acordó juzgar ex bono y me contestó “porque los beliceños no quisieron”, entonces yo le respondí, “pues ustedes no hubieran firmado”.

Edgar Gutiérrez, ex canciller, no cree que juzgar sobre la base de buena fe sea demasiado importante, “hay varios antecedentes de buena fe y se ve que la buena fe no la han cumplido”, comenta, para él Guatemala sí tiene posibilidades de ganar el debate y recuperar territorio, “aquí intervienen tres factores. La técnica jurídica, la preparación y los abogados experimentados. El ambiente internacional y el apoyo político interno que se le da a la demanda. Sí el referéndum es respaldado por la población”, comenta.

El profesor estadounidense, Edwin Palenque, por el contrario, no cree que Guatemala vaya a poder conseguir territorio: “Es una historia muy compleja y no creo que Guatemala esté en condiciones de recuperar territorio. Otro elemento a tomar en cuenta es la presencia de México y el apoyo que le ha dado a Belice por sus propios intereses. Está la presencia implícita de Gran Bretaña y México quiere quedar bien con ellos, recordemos que no apoyó la guerra de las Malvinas”.

Además, hay otros elementos que complican la situación, a criterio de los analistas, el que el Gobierno de Serrano Elías haya reconocido la soberanía de Belice; las cartas que Skinner Klee y Eduardo Stein enviaron a Belice.
La inmediata respuesta de Skinner Klee
En 1931, el canciller inglés envió una amable carta a su colega guatemalteco, en ese entonces Alfredo Skinner Klee, le decía que quería estar seguro de que los límites territoriales eran los que fijaron los ingenieros Fernando Cruz y Frederick Brunton en 1859. El ingeniero guatemalteco y el inglés trazaron líneas e instalaron unos mojones de cemento en lo que dispusieron serían las fronteras. Lo hicieron del río Sarstoon al río Hondo, es decir, todo el territorio de lo que hoy es Belice.

Al día siguiente de recibida la carta Skinner Klee contesta, dice que sí, que por supuesto que Guatemala está de acuerdo con fijar allí las fronteras. En relaciones internacionales un cruce de cartas firmadas por los cancilleres constituye un Tratado, por lo tanto los ingleses, nada perezosos, fueron a inscribir las dos cartas a la Liga de las Naciones donde quedó establecido que Guatemala aceptaba las fronteras planteadas por Belice.

“Este tratado el Ministerio de Relaciones Exteriores lo ha tenido oculto al pueblo de Guatemala porque saben que con esto nos cocinan en la Corte”, dice Enrique Cabrera.

En 2001 Belice pidió a cuatro de los más grandes expertos en relaciones internacionales que evaluaran la situación y presentaran un informe sobre las posibilidades de Guatemala en la reclamación. Trabajaron en ello Sir Elihu Lauterpacht, un abogado internacionalista que ha representado a varios países en la Corte Internacional; el juez Stephen Schwebel, ex presidente de la Corte Internacional, y los profesores universitarios Shabtai Rosenne y Francisco Orrego. La conclusión a la que llegaron los especialistas fue un “no” rotundo, “Guatemala no tiene posibilidades de recuperar el territorio”. La negativa se la achacan, entre otras cosas, a la carta firmada por Skinner Klee.

“La voz del Presidente o del Ministro de Exteriores son convenios internacionales, ellos comprometen al país y Skinner Klee lo hizo. Es un factor negativo a los intereses de Guatemala”, opina Bermejo.

Pero la carta de Skinner Klee no es algo que preocupe en Cancillería. “Para que sea un cruce de cartas se tiene que transcribir en ambas cartas el instrumento y no lo transcriben”, argumenta Maritza Ruiz de Vielman, sin embargo el instrumento sí está transcrito en el cruce de cartas de 1931, por lo tanto, es válido, “pero no está ratificado. Ellos lo inscribieron unilateralmente”, dice Antonio Castellanos de la comisión. “Nosotros tratamos de no abordar mucho este tema, porque eso lo vamos a tratar en el juicio, no le vamos a adelantar nuestras armas a Belice, ya tomamos nota y ya preparamos todos los argumentos para refutar, lo único que puedo decir es que eso no me preocupa. Los argumentos los tenemos, lo que pasa es que nosotros no vamos a contratar a un Lauterpacht para que lo diga”, agrega De Vielman.

“Fue algo verdaderamente inaudito”, dice Bermejo, se refiere a la carta que el 18 de octubre de 1999 envió el entonces canciller Eduardo Stein a su par en Belice. En la misiva el canciller le dice a Belice que Guatemala no reclama el territorio norte, del Río Sibún al Río Hondo y limita los derechos de nuestro país a sólo 12 mil kilómetros. “Tengo mucho respeto por Stein porque es un hombre muy inteligente pero a saber quién lo aconsejó. Con esto si vamos a la Corte vamos ya con la mitad perdida”, agrega.

Cabrera también es crítico con esta carta, “dijo que la parte norte de Belice era un usufructo que les dio España y que por eso no la reclamaba cuando eso no es así, España nunca lo dio en usufructo, fue una concesión sin derecho de establecer colonia”, recuerda Cabrera.

Pero la Comisión piensa que esa carta sirvió para allanar el camino hacia la Corte, “los ablandó muchísimo”, dice Castellanos, “los puso en conciencia de que este no era un problema de límites como siempre lo enfocaron”. De acuerdo a la Comisión esa misiva de Stein los llevó a conseguir la firma de Belice en el acuerdo de ir a la Corte, un paso histórico en la negociación.

“Desempantanó el proceso”, piensa el ex canciller Gabriel Orellana, “Stein lo único que hizo fue sentar las bases para que Belice estuviera anuente a ir a la Corte, de otra forma no se hubiera podido avanzar”, agrega.

Si vamos a la Corte, ¿qué podemos ganar? Para contestar a esta pregunta es necesario conocer qué es lo que vamos a pedir. “En la Comisión no saben ni lo que van a reclamar”, comenta Cabrera, y Maritza Ruiz de Vielman asegura que eso se definirá en la demanda, “como un general nunca va a revelar cuál es su plan de batalla, Guatemala tampoco va a poner en la prensa qué es lo que va a pedir. El acuerdo quedó amplio, dice que el objeto de la disputa es cualesquiera reclamaciones legales que tenga Guatemala respecto al territorio continental, insular y marítimo, eso da cabida para todo”, afirma.

Históricamente Guatemala tiene derecho a todo el territorio de lo que hoy es Belice y a las islas. Pero con la carta de Stein Guatemala acuerda que sólo reclamará la parte sur, 12 mil kilómetros. Así que de ganar, puede ganar una buena parte del territorio, el potencial turístico de las islas y la salida al mar. “Cuánto se podría desarrollar Petén si tuviera costa, eso beneficiaría muchísimo”, dice De Vielman.

“El sólo hecho de ir a la Corte ya es un triunfo para Guatemala”, piensa Gutiérrez. “Lo que se gane sea poco o sea mucho es más de lo que tenemos ahora. A Guatemala le conviene cerrar ese diferendo”, explica.

Y qué podría perder. Sólo dinero, bastante dinero. Ir a una Corte Internacional supone un desembolso millonario. “Hace unos años entre El Salvador y Honduras hubo un sometimiento de su caso ante la Corte Internacional, Honduras gastó US$20 millones y El Salvador US$16 millones”, comenta Castellanos, “pero la soberanía no tiene precio”, agrega.

Existe un fondo en Naciones Unidas para ayudar en los gastos legales a países del tercer mundo y que podría cubrir una parte del costo. “Lo que pasa es que tenemos que poner algo nosotros, no podemos ir extendiendo la mano, tenemos que mostrar que nos importa lo suficiente como para poner lo propio”, dice De Vielman.

De momento, los cinco integrantes de la Comisión casi se quintuplicaron el sueldo, pasaron de devengar Q9 mil a Q44 mil 800, de un mes a otro. “Antes estábamos demasiado mal pagados”, dice De Vielman, “trabajábamos ‘casi ad honorem’”. Los abogados de la Comisión aseguran que este gasto será un ahorro en el futuro, cuando se tenga que contratar a expertos internacionales que lleven el caso a la Corte. “Queremos dejarle la papa pelada, tener el trabajo casi terminado para que cuando se contrate a los que cobran US$1,200 la hora ya lo tengan todo trabajado”, dice De Vielman.
Si Belice es nuestro o es nuestro vecino, lo decidirá la Corte.

http://www.elperiodico.com.gt/es/20100627/domingo/160630/

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