lunes, 26 de marzo de 2012

Un Mercado Y Un Proveedor Global


Tener las mayores reservas de agua dulce del mundo, tierras para ampliar la frontera agrícola y representar el 11% de la producción de alimentos del globo, debiera ser más que suficiente para asumir su liderazgo como proveedor para el planeta. Pero no, y el principal rival de Latinoamérica para trabar el desarrollo es la misma región. En este especial conozca los desafíos y posibles fórmulas para saltarse los baches.
Por: Martina Salvo de Oliveira
Leímos para usted: La Ceiba
Consultora Y Gestora En Desarrollo Municipal
"Latinoamérica debe patear la mesa", dijo enfático el año pasado a Revista del Campo, Mario Montanari, uno de los empresarios innovadores tras el holding Invertec, conglomerado que juega en las grandes ligas en cuanto a alimentos preparados se refiere. Su molestia se debe a la lentitud de la región para asumir un mayor protagonismo como abastecedor de alimentos para el planeta.
Y tiene razón. Porque de nada sirve ser catalogado como el "granero del mundo", de vanagloriarse de tener las mayores reservas de agua dulce, o de ser uno de las pocas zonas que podría ampliar la frontera agrícola incorporando nuevas tierras, si no se le saca partido.
En Latinoamérica no todos los actores estarían conscientes del potencial y de la importancia de cuidar y desarrollar la producción y exportación agrícola de la región. Aunque países de otras latitudes sí lo notan y ya hay naciones lejanas que están instalando sus banderas agrícolas en territorio regional.
Sólo el año pasado Heilongjiang Beidahuang Nongken Group, la mayor agropecuaria de China, selló un acuerdo con la argentina Cresud SA para la compra de tierras agrícolas en ese país. Y no sería el único caso.
"China acaba de firmar un convenio con la provincia de Río Negro donde se le entregaron, en una especie de comodato, miles de hectáreas. Si no protegemos nuestros recursos naturales del 'agarra, Aguirre', vamos a quedar fuera del desarrollo rural", explica Gonzalo Jordán, director de empresas y experto en alimentos.
La ONU proyecta que la población pasaría de los actuales 6,8 mil millones hasta los 8,9 mil millones de personas hacia el 2050. Sólo en América Latina la población crecería 35%. Para la Cepal esto brinda oportunidades, primero porque habrá más bocas que alimentar, y segundo porque habrá un segmento con más recursos para comprar productos con valor agregado. Y ahí la región tiene mucho por hacer.
"El ser humano va a comer más, necesita una dieta más variada. En ese sentido, somos un continente con potencial aún mayor en la producción de alimentos", explica Fernando Martins, socio del escritorio de Bain & Company en Sao Paulo, una consultora internacional de estrategia de negocios.
Para sacar partido de ello, la región tiene que tomarse en serio. Hay oportunidades, potencial y necesidad de convertirse en proveedor global, pero los desafíos no son simples.
La relevancia de la región
Hacia 1980, Brasil, Paraguay, Bolivia, entre otros, eran grandes importadores. En 20 años, el escenario se dio vuelta y hoy, América Latina, con Brasil a la cabeza, es uno de los principales productores y exportadores agrícolas del mundo. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, la región contribuye con el 11% del valor de la producción alimentaria mundial y posee el 24% de la tierra cultivable. La región produce más de la mitad de las exportaciones de soya del mundo, un tercio de las de maíz y el 44% de la carne de vacuno del planeta. Y como si esto fuera poco, tiene casi un tercio de la tierra cultivable no utilizada del mundo, según el Banco Mundial.
"Mientras en América del Norte el incremento se da principalmente por el empleo de tecnología para extraer mayor producción de una misma área, en el Mercosur hay también un gran potencial de introducción de nuevas áreas para la agricultura", dice el estudio de Bain & Company, "Agronegocio en el Mercosur: transformaciones de pasado y promesas de futuro".
Según el informe, la demanda mundial de los cinco principales cultivos alimenticios (trigo, maíz, soya, azúcar y arroz) debiera pasar de un estimado de 2,4 billones de toneladas en 2010, a cerca de 3,5 billones el año 2050.
El mayor potencial se concentra en el cono sur.
"Básicamente, el potencial se circunscribe a un grupo de países de Sudamérica, con Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia, y en menor medida Colombia. Hay países como Uruguay que tienen un rol importante, pero su capacidad de expansión es limitada", explica Adrián Rodríguez, oficial a cargo de la Unidad de Desarrollo Agrícola de la Cepal.
Entre las ventajas que posee la región está su gran diversidad de condiciones de suelo y clima lo cual es difícil de igualar en otras latitudes, aunque algunas todavía tienen espacio para crecer (Ver recuadro).
Sin embargo, uno de los temas que le juega en contra es que el ritmo de crecimiento entre los países es aún muy desigual y hay problemas locales complejos por superar.
Por años Chile lideró el avance con un modelo agrícola que es mirado con atención por su gran cantidad de acuerdos comerciales, por ser un país pequeño que exporta mucho, y por haber desarrollado como nadie el tema del valor agregado. Colombia viene dando la pelea y ha planteado, luego del repliegue de las FARC, una revolución agrícola para la cual planea usar dinero de los aranceles petroleros para desarrollar el sector. Otro que crece con fuerza es Perú, que en los últimos años ha avanzado en acuerdos internacionales y se ha puesto como meta ser un exportador global de alimentos.
Y mientras países como Brasil ponen freno a la compra de tierras por parte de empresas extranjeras, otros, como Bolivia, entraban el intercambio interregional, al poner trabas para el desarrollo de la carretera interoceánica que uniría Brasil, Perú y Bolivia; o Argentina que pone impedimentos a las importaciones desde otros países, incluidos los de la región.
Está claro entonces que si la región quiere concretar su potencial y crecer como un todo, sus dirigentes deben intentar sentarse a conversar y no quedarse en diálogos que no llegan a puerto. Es la clave para que la región alcance el estatus al que aspira.
Baches latinoamericanos
A nivel regional, uno de los temas clave que hay que trabajar es apuntalar la investigación, tecnología e innovación y conseguir que sea más o menos parecida entre los distintos países de la región. Hoy la I+D agrícola respecto del valor agregado agrícola es igual al 1,14% como promedio regional, según cifras del 2006. En los países de la OECD es de alrededor de 2,5%. Pero, además, hay importantes diferencias entre los países de la región. Cerca de 2% en Uruguay y Brasil, entre 1% y 1.5% en Argentina, Chile y México; y menos de a 0.3% en El Salvador, Guatemala y Paraguay.
Brasil, a través de Embrapa o la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria, es un ejemplo de cómo la inversión a nivel país puede potenciar el desarrollo agrícola. Porque un tema clave en la región es investigar, por ejemplo, el desarrollo de semillas y técnicas de plantación para ajustarse a los suelos que puedan incorporarse en el futuro a la producción; o en cómo recuperar los que están degradados, por el tiempo o los embates del cambio climático. Y esto debe ser realizado en cada país, pues las características varían mucho entre cada uno.
Otro reto tiene que ver con el manejo sostenible del recurso natural, produciendo limpio, de forma sustentable y amigable con el medio ambiente. En esa línea, para el agro un reto importante es reducir la emisión de gases de efecto invernadero, tema que causa gran discusión en industrias como la ganadera.
En la región hay países que vienen avanzando como Costa Rica que el 2021 planean ser carbono neutral. En esas latitudes, el sector agrícola está empezando a participar de forma activa en sectores como el del café, lechero y en frutas tropicales. Si la región quiere convertirse en un exportador global, esas son metas que debe ponerse, pues ellas son exigencias en los países europeos y en Estados Unidos.
Temas globales a resolver
Pero para avanzar en convertirse en un proveedor de alimentos para el planeta, Latinoamérica debe prestar atención a sus relaciones con el resto del mundo. Quizás a muchos no les suene la ronda de Doha, pero lo que allí se estaba tratando de acordar es clave. Esta negociación, que se realiza desde el 2001, busca, entre otros temas, la liberalización del comercio mundial de productos como los alimentos. Pero el poco interés de potencias como Estados Unidos y la Unión Europea en abrir sus fronteras -eliminando o disminuyendo las barreras y aranceles- ha hecho que la negociación quede entrampada.
Ante el congelamiento, los expertos llaman a tomar el toro por las astas para que la región coja el liderazgo y muestre una postura y fortaleza regional. La idea que recalcan algunos expertos es la de conformar una suerte de Opep de los alimentos.
Cuando los países productores de petróleo formaron esa asociación lograron valorizar su recurso. Conseguir esa unión significó limar asperezas muy duras. Y es justamente uno de los grandes retos que tienen los países de América Latina: establecer alianzas con los vecinos, más allá de la competencia en algunos productos agrícolas o de resquemores de algún tipo.
Un ejemplo de que se pueden hacer alianzas de ese tipo es el Acuerdo Trans Pacífico, TPP (por sus siglas en inglés), del cual participan Chile y Perú. En alianzas como ésa se podrían sumar otros socios clave como México y Colombia, y así fortalecer un bloque en el Océano Pacífico, que apuntale el desarrollo de Brasil en este lado del continente.
"Brasil tiene que liderar y la contrapartida en América Latina con cara al Pacífico tiene que ser Perú, Colombia, México y Chile, a través de una alianza para el desarrollo alimentario. El complemento Andes es lo que Brasil necesita. Además, esto contribuiría a la desamericanización de México que puede volcarse hacia el sur y potenciar el desarrollo alimentario", dice Gonzalo Jordán.
Alianzas de ese tipo permitirían destrabar en forma regional temas clave como las barreras sanitarias, por ejemplo, que imponen la UE o mercados como Asia; así como inyectar recursos para resolver temas sanitarios como la aftosa, que afectan la imagen de toda la región hacia el mundo.
Otro factor es la disponibilidad de agua. En Brasil está la mayor reserva de agua dulce del mundo, y en Colombia la segunda, pero al recurso estratégico no se le da el valor que merece. Aquí lo que se requiere es generar conciencia de la importancia que tiene trabajar coordinados para la protección y uso de un recurso que es escaso. De la mano con la importancia hídrica y su resguardo, habría que apuntalar el tema del transporte por esas vías, además de construir carreteras.
"Sacar productos de zonas como el interior de Bolivia o estados brasileños como Matto Grosso hasta el puerto, es caro. No hay ferrovías en óptimas condiciones en el interior de Bolivia, Paraguay y algunas zonas de Brasil. Se podrían aprovechar los ríos que no son navegados y pueden ser rutas naturales para la agricultura. Los estadounidenses tienen ríos como el Missouri o el Misisipi, equivalente a ríos como el Paraná, que se usan para transportar producción agrícola. Nosotros tenemos mayor potencial en esa línea y lo usamos poco", dice Martins.
Latinoamérica tiene el potencial para llegar al mundo de forma rotunda y con propiedad, pero para hacerlo debe destrabar los baches, muchos de los cuales están autoimpuestos por la misma región.
La Cepal proyecta para este año una tasa de crecimiento del PIB regional de 4,1%.
 Potencial agrícola en el resto del mundo
Aunque hay zonas, por ejemplo en África, que tiene potencial agrícola, a la par tiene muchos desafíos técnicos, humanos e institucionales por delante. Más terreno ganado podría tener la zona llamada KRU, conformada por Kazajstán, Rusia y Ucrania, aunque tanto esa zona como África no tienen hoy un potencial proyectado claro. Por ello es la región latinoamericana la que tiene mayores oportunidades y tierras para crecer.
"Hay variables que no pueden ser estimadas con seguridad, como la posibilidad de plagas, enfermedades, bajas varietales y hasta el cambio climático global y regional. Otra dificultad es evaluar el potencial de producción de nuevas áreas. La sabana africana, por ejemplo, tienen áreas propicias a la agricultura extensiva de soya y maíz, así como Colombia. Cuba podría nuevamente volverse un gran productor de azúcar, no inmediatamente, pero dentro de un horizonte de cuarenta años eso es muy posible y hasta probable", indican en Bain & Company.
Impulsar la producción con valor agregado
Un reto común para los países latinoamericanos sería impulsar la producción con valor agregado. En el caso de la soya, por ejemplo, aunque Brasil y Argentina son grandes productores, Brasil "sería lo que se llama productor marginal de la cadena, es decir, el de peor costo", indica el estudio de Bain & Company.
Vender productos finales como carne de soya sería una alternativa interesante. Lo mismo se podría replicar en leche, frutas y carnes. Chile tendría camino ganado en esa línea.
"Las producciones agropecuarias que se destacan en la región (es decir, aquellas que van más allá del simple consumo interno y generan divisas de exportación) van desde la producción de vinos en las regiones más templadas de Chile y Argentina, salmón en los fiordos del sur de Chile, leche en Uruguay, y maíz, frutas y oleaginosas en las áreas subtropicales", indica el estudio.
¿Competencia o complementariedad?
"Hay productos con los que vamos a competir, pero por otra parte nos permite un mix de oferta más potente. Chile tiene más TLC que ninguno, y en alimentos tenemos un potencial tremendo, pero qué significamos si no nos complementamos con otros mercados. Al final, no son los países que compiten y si los conglomerados", dice Jordán.

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