viernes, 3 de diciembre de 2010

BASES PARA EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL

BASES PARA EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL  
ANA PATRICIA ORTIZ M.
ANGEL MASSIRIS CABEZA 
Investigadores del Instituto Geográfico Agustín Codazzi Subdirección de Geografía
La región del Pacífico colombiano (70.000 km2, aproximadamente) constituye, después de la Amazonia, la reserva más grande de recursos naturales del país, especialmente en lo pertinente a recursos hídricos, forestales, pesqueros, mineros, faunísticos y de transporte fluvial y marítimo. Así se resalta en el documento que Colombia presentó en la segunda reunión de miembros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) celebrada en Santa Marta en 1991, en donde se manifestó, además, que el Pacífico colombiano, y especialmente la selva chocoana, es, quizás, la de mayor biodiversidad en el mundo. 
A pesar de su riqueza, esta región que alberga cerca de un millón de habitantes, ubicados en su mayoría en el litoral y en las orillas de los ríos, es un área marginada y deprimida que tiene en el bajo nivel de bienestar social la expresión más visible. La escasez y bajo nivel de especialización de los servicios básicos, como agua, salud, educación y transporte, sumado a la alta desnutrición infantil, así como al limitado desarrollo de las actividades productoras y la falta de integración a la economía nacional, reflejan el bajo desarrollo regional y explican el porqué de la alta emigración de la población hacia áreas más prósperas y la desesperanza de sus habitantes frente a su futuro. 
Es indudable que, a pesar de las fuertes restricciones naturales existentes, ligadas principalmente a las condiciones climáticas y edáficas, la región del Pacífico colombiano ofrece inmensas potencialidades derivadas de sus recursos físico-ecológicos, los cuales representan una base natural muy pródiga para inducir el desarrollo económico de esta región y la elevación de la calidad de vida de su población. 
Sin embargo, tal desarrollo no debe repetir el camino seguido por los planes de desarrollo económico, con fuerte énfasis desarrollista y carentes de una valoración social, cultural, ecológica y espacial en el aprovechamiento de los recursos. 
El ordenamiento territorial constituye, en este sentido, una política de desarrollo integral del estado para armonizar los intereses productivos de la sociedad con las necesidades de conservación ambiental, bienestar social y equilibrio espacial del desarrollo. Todo ello sobre la base de la concertación Estado-comunidad y la participación activa de las comunidades en la ejecución de los planes de desarrollo a nivel regional y local. 
En general, los planes de ordenamiento territorial implican tres fases básicas: técnico-científica, política y administrativa. La fase técnico-científica lleva a la realización de una diagnosis situacional, una prognosis y la definición de un esquema de ordenamiento que sirva de soporte a la formulación del plan. La diagnosis es un instrumento que permite conocer y evaluar la situación de una región, a partir de la cual se definen unas áreas de manejo con sus respectivas cualidades o atributos, potencialidades, limitaciones, problemas y tendencias relacionadas con el medio biofísico, socioeconómico, de integración funcional-espacial y político-administrativa. 
La prognosis es una proyección hacia el futuro en la búsqueda de alternativas Óptimas para aprovechar mejor las potencialidades, disminuir las limitaciones, resolver los problemas y reorientar o reforzar las tendencias identificadas en cada unidad. Estas alternativas, después de ser evaluadas y buscar su compatibilidad con los intereses sociales, económicos y ambientales, se concretan en escenarios prospectivos (situación futura deseada) presentados de manera ordenada en una propuesta técnica o esquema de ordenamiento. 
En la fase política, el Estado fija los objetivos, estrategias y acciones programáticas para corregir los problemas observados y alcanzar los escenarios planteados. En la administrativa, las instituciones y personas encargadas de la administración regional y local ejecutan, controlan y evalúan el plan en coordinación con los actores locales. 
En particular, la formulación de un plan de ordenamiento para la región del Pacífico implica realizar una diagnosis situacional muy rigurosa, de modo que se conozcan de manera precisa las potencialidades y limitantes del medio biofísico y socio-económico, así como, el funcionamiento de los sistemas ecológicos, de los medios de producción y, en general, de la organización del espacio, dentro de un contexto intrarregional e interregional, nacional e internacional. 
Sólo a partir de este conocimiento es posible proyectar la intervención de las estructuras y procesos que originan los actuales problemas y desequilibrios regionales, para orientarlos hacia escenarios de producción, conservación, recuperación, protección, urbanización e integración funcional-espacial. Así se podrá ofrecer a las actuales y futuras generaciones una región próspera y recursos naturales abundantes. 
En el presente capítulo se pretende dar algunas bases para un Plan de Ordenamiento Territorial del Pacífico colombiano, a partir de datos obtenidos del análisis-síntesis de información cartográfica, bibliográfica y fotointerpretacion. 

Potencialidades y limitaciones del Pacífico colombiano 
La región del Pacífico colombiano presenta características socio-geográficas que evidencian enormes potencialidades y severas limitaciones en lo que respecta a su desarrollo. Tales características se relacionan con el desarrollo socio-cultural y económico pasado y actual de la región, los cuales están íntimamente vinculados con el medio biofísico. El comportamiento de las condiciones climáticas, hidrográficas, edáficas y geomorfológicas, así como también, el aprovechamiento de los recursos forestales, mineros, pesqueros y del suelo, condicionan la distribución espacial de la población, los sistemas de producción y de mercadeo. 
Las condiciones climáticas corresponden, en cierto modo, a las características preponderantes del Trópico Húmedo, en donde a lo largo del año persisten las altas temperaturas (280 C promedio anual), la excesiva humedad ambiental y, sobre todo, la abundancia y carácter torrencial de las lluvias. La precipitación media anual oscila entre 5.000 y 10.000 mm. con excepción del extremo noroccidental de Tumaco en donde las lluvias se encuentran por debajo de este intervalo y el sitio de Tutunendó, al noreste de Quibdó, en donde no sólo se alcanza la mayor pluviosidad regional sino que también es uno de los lugares de mayor precipitación anual en el mundo (11.770 mm). 
La coexistencia de condiciones climáticas extremas (incluyendo altas temperaturas, fuertes vientos, insolación y elevada evaporación) con otras de carácter edáfico, hidrográfico y de vegetación hacen que el Pacífico colombiano sea uno de los ecosistemas forestales más exuberantes y, a su vez, uno de los más frágiles del mundo y, por tanto, de los más susceptibles a la degradación por efecto de la intervención del hombre. En áreas desprotegidas, las lluvias torrenciales dan origen a una erosión pluvial importante y a un escurrimiento considerable lo que conduce al transporte acelerado de sedimentos finos hacia las partes bajas o depresionadas. 
A pesar de ofrecer una topografía relativamente plana, la elevada temperatura y la hiperlluviosidad llevan a la fácil meteorización y lixiviación de los suelos, los cuales pierden, de este modo, la mayor parte de sus nutrientes, lo que, a su vez, incide directamente en la baja fertilidad potencial. Estas características se presentan en la casi totalidad de la región con excepción de las fajas costaneras de Tumaco, Mosquera y Guapí donde existe una alta concentración de materia orgánica. La baja fertilidad potencial de los suelos es uno de los limitantes mayores para el desarrollo agropecuario, la cual, en conjunto con otras cualidades biofísicas, refuerza la vocación forestal de la región. 
El régimen hidrográfico está asociado a la alta lluviosidad. La abundancia de corrientes de agua representa un gran potencial hidroenergético y de transporte fluvial, así como un apoyo excepcional para la comunicación interoceánica. Por la configuración fisiográfica de la región existen dos áreas hidrográficas bien definidas: hacia el norte y hacia el sur de Cabo Corrientes. Hacia el norte se destacan las cuencas de los ríos Atrato, Baudó y San Juan con dirección dominante norte-sur con presencia de numerosas ciénagas, desembocaduras en deltas y estuarios de gran amplitud. Se caracterizan por presentar cursos meándricos con aguas tranquilas que producen inundaciones periódicamente. Hacia el sur, los cursos de aguas drenan en sentido transversal, desde la cordillera Occidental; son cortos, muy caudalosos y transportan materiales de gran tamaño, lo que dificulta su navegabilidad. 
El elemento dominante a nivel del paisaje regional lo constituye, sin duda, la presencia del Bosque Húmedo Ecuatorial (Hylea del Pacífico) a lo largo de ríos, planicies y colinas y, en la faja costera, el bosque de manglar. A pesar de la alta intervención a que han sido sometidos, los bosques del Pacífico colombiano siguen siendo uno de los principales recursos de que dispone la región para su desarrollo. 
El Pacífico colombiano aporta el 16% de la reserva forestal del país. Según el Inderena (1981) las existencias maderables alcanzan un volumen comercial de 198 millones de metros cúbicos, que equivale al 22% del total del país. No obstante, como lo advierte el DNP (1983:50), el volumen comercial real por unidad de superficie es bajo por la alta heterogeneidad de las especies forestales, entre las cuales se entremezclan cerca de 300 especies maderables de buena y mala calidad. Por lo anterior, la presión de la producción forestal se ha concentrado en los tipos de bosque menos heterogéneos (manglares, guandales, natales, cativales), en razón de su estructura y composición florística, volúmenes aprovechables y acceso. El mangle (Rhizophora, Avicennia) y especies, como el cedro, roble, cativo y caoba han sido sobreexplotados. 
Del total de bosques comerciales existentes en el Pacífico colombiano (4 millones de ha aproximadamente), un 70% no ha sido explotado aún. La mayor parte de dichos bosques (62%) corresponden a los denominados de colinas bajas los cuales representan, a mediano y largo plazo, el mayor potencial de abastecimiento de maderas de la región; en ellos sobresalen especies, tales como, ceiba, cedro, sande, abarco y tangare. El bosque de guandal, por su parte, ofrece un 11% de maderas explotables y es, a corto plazo, el mayor potencial de explotación en razón de su mejor acceso, y demanda comercial (DNP, 1983:50); dominan las especies como el cuángare y sajo, desarrollados sobre suelos orgánicos o hidromórficos a lo largo de las márgenes de los ríos, caños y terrenos cenagosos. En el bosque de natal, que constituye una transición entre el manglar y la hylea, dominan milpesos, táparos y naidí o palmiche. 
En cuanto al recurso suelo, teniendo en cuenta las características geomorfológicas, hidrológicas, climáticas y de vegetación existentes, ofrece, en general, grandes limitaciones para las implantaciones humanas; esto es, debido a su frecuente sobresaturación en agua, altas temperaturas que aceleran la mineralización de la materia orgánica, poca evolución y estructura, diferenciándose tres grandes conjuntos: los suelos de colinas y serranías, los suelos de planicie marina y los de planicie aluvial, caracterizados éstos últimos por un hidromorfismo casi generalizado y alta salinidad. En suelos de las planicies inundables desprovistas de vegetación boscosa, la sensibilidad a los vientos, que juegan un papel determinante junto con la evaporación, se traduce por una deflación eólica después de que la vegetación herbácea es quemada o desaparece por sobrepastoreo. 
Los suelos de planicie marina se sitúan a lo largo de la faja angosta que bordea toda la costa Pacífica, a excepción de la barra de playa; son los más ricos y productivos de la región por su alto contenido de materia orgánica. Están dispuestos en depresiones generalmente cubiertas por manglares y deltas formados por las corrientes marinas y la salida de los ríos al mar. Por la dificultad que implica adecuar estos suelos para las prácticas agrarias, su aptitud predominante se relaciona con actividades turísticas y recreacionales, refugio de fauna silvestre y conservación del paisaje natural. 
Los suelos de planifice aluvial ocupan zonas transversales y paralelas sobre geoformas modeladas por la actividad fluvial de los ríos que cruzan el Andén Pacífico. En las áreas aluviales más altas y bien drenadas se encuentran suelos moderadamente profundos que se utilizan en ganadería y en cultivos tradicionales de tipo comercial y de subsistencia. 
Los suelos de colinas y serranías predominan en la región. Se caracterizan por ser muy superficiales, ácidos, lixiviados, de escasa a muy baja fertilidad y susceptibles a la erosión. Su vocación es principalmente forestal. Se destacan los suelos de las serranías de Baudó, Los Saltos y Darién en el Pacífico norte.  
Debido a los limitantes que presenta el medio biofísico de la región (exceso de humedad y baja fertilidad de los suelos), la agricultura mecanizada y la actividad extensiva se reducen a pequeñas áreas que presentan condiciones favorables para su desarrollo: valle de los ríos Juradó, Calima, Dagua, Mira y la planicie central del Atrato. 
El recurso humano influye decididamente en la organización, ocupación y desarrollo socio-espacial, sociocultural y económico de la región, caracterizado por la presencia de una población dominantemente negra e indígena, emplazada a lo largo de caseríos de poca importancia o simplemente dispersos. En el Chocó, por ejemplo, la población está emplazada a lo largo de los ríos Atrato y San Juan, sobre la franja costera, en tanto que hacia el sur de la región, la población se dispone a lo largo de las vías que llevan generalmente una dirección transversal. 
La existencia de centros urbanos de alguna significación se reduce a sólo tres: Buenaventura, Tumaco y Quibdó, los cuales constituyen, por ahora, los potenciales polos de desarrollo regional. La movilidad espacial intrarregional de la población es mínima, dada la nula jerarquía urbana de la mayoría de los núcleos poblacionales. La dinámica espacial se da principalmente alrededor de la relocalización de los emplazamientos humanos sobre las mismas márgenes de los ríos y la migración hacia otras regiones. 
En cuanto a los recursos pesqueros, constituyen otro de los potenciales para el desarrollo de la región, especialmente los recursos fluviomarinos y marinos de la parte sur del litoral, donde se concentra la mayor productividad, asociada a la existencia de grandes extensiones de manglares y al aporte de nutrientes de los ríos. La pesca fluvial presenta el mayor potencial en los ríos Atrato y Baudó. 
La explotación pesquera presenta, en el Pacífico, dos sistemas diferentes: artesanal e industrial. El sistema artesanal se realiza en condiciones rudimentarias y desfavorables para el bienestar de los pescadores: embarcaciones e instrumentos inadecuados, infraestructura de conservación, transformación, transporte y mercadeo deficientes, hechos que se relacionan con el estado de marginación en que se encuentra la región. Sin embargo, la pesca artesanal contribuye a aliviar, en gran medida, las graves condiciones sociales imperantes en la región, razón por la cual su desarrollo merece un mayor y rápido impulso. 
La pesca industrial, orientada especialmente hacia los mercados internacionales, se manifiesta principalmente en la industria camaronera, atunera, de langostinos, de harina de pescado, conservas (enlatados) e industrias de especies blancas. Actualmente la industria camaronera es la más importante actividad a nivel empresarial, sus factorías se localizan en áreas marginadas, como Buenaventura, Tumaco y Guapí en donde, además, constitu yen alternativas de solución al desempleo. 
En general, la principal restricción de la actividad pesquera se relaciona con la carencia de infraestructura física: vías de comunicación, facilidades portuarias y energía eléctrica, situación que afecta negativamente los procesos de acopio, conservación, procesamiento, comercialización y producción pesquera.
Otra potencialidad de la región son sus recursos mineros: auríferos, platiníferos, carboníferos y de metales básicos aún no explotados. Los principales minerales explotados son el oro, la plata y el platino, especialmente en la zona comprendida entre Quibdó, Istmina, Andagoya, Condoto y Sipí (Chocó) y en el área circunvecina a Barbacoas (Nariño); áreas sometidas a un proceso de degradación que se remonta a épocas precolombinas. 
La disposición geográfica de los sectores mineros ha incidido en la concentración estacional de un gran volumen de población que, en contraste con la riqueza minera existente, presenta condiciones socioeconómicas muy precarias, con niveles de educación, salubridad y nutrición muy bajos. Estas condiciones se asocian con la minería artesanal tradicional, la cual se desarrolla bajo un sistema de explotación incapaz de generar las condiciones necesarias de bienestar social y desarrollo regional. Es un sistema que se caracteriza por la falta de capital, procedimientos rudimentarios (mazamorreo) y la existencia de un gran número de intermediarios o comerciantes que dan crédito a los mineros para luego comprarles el oro obtenido a menor precio. 
Otro sistema de explotación lo constituye la minería de aluvión por bombeo (motobombas) y dragado, éste último realizado por compañías mineras, generalmente extranjeras. El impacto ambiental de este sistema de explotación sobre el entorno es mucho más perjudicial con respecto al artesanal, pues conduce al desarrollo de graves procesos y de desertización, sólo recuperables a muy alto costo económico.  
El Pacífico colombiano dispone, también, de otro potencial para su desarrollo: el recurso turístico, representado por sus atractivos paisajísticos, culturales y científicos. Se destacan, entre otros, bahía Cupica, bahía Solano, ensenada de Utría, cabo Corrientes, delta del río San Juan, bahía Málaga, isla Gorgona, algunas microplayas de Juradó (Cabo Marzo), Buenaventura, Merizalde, Guapí, Salahonda y Tumaco. Sobresalen, igualmente, numerosas islas, pilas y chorreras de agua dulce. En la actualidad no existe suficiente infraestructura para promover el aprovechamiento turístico de estos atractivos naturales, ni el estímulo adecuado para que se genere un turismo ecológico y científico en los actuales Parques Nacionales Naturales y Areas de Conservación, como son el parque de Sanquianga al sur, katíos al norte, Utría en la parte central del litoral y las islas Gorgona y Malpelo. 
En síntesis, la región posee condiciones y recursos naturales que favorecen su desarrollo. La excesiva humedad y correlativa pobreza de los suelos, que son sus principales limitantes naturales, no representan obstáculos decisivos para este desarrollo, como sí lo son el aislamiento al cual está sometida la región, la ausencia de la infraestructura de transporte y de producción y los servicios básicos indispensables para el bienestar de la población. 

Objetivos y estrategias para una política de ordenamiento territorial del Pacífico colombiano 
Objetivos 
El ordenamiento territorial, como política de desarrollo integral concebida a largo plazo (20 a 30 años), busca orientar la ocupación, transformación y utilización de los espacios geográficos, con el fin de armonizar y optimizar su aprovechamiento, teniendo en cuenta las potencialidades y restricciones biofísicas, socio-economicas y de integración espacio-funcional, así como los intereses de los actores sociales del territorio considerado. Todo ello guiado por principios de desarrollo sustentable y valoración del medio ambiente, integración funcional-espacial y elevación de la calidad de vida 
En términos generales, una política ordenadora para la región del Pacífico debe contemplar los siguientes objetivos: 
• Promover el conocimiento del espacio geográfico regional, mediante la investigación científica y la utilización de estos conocimientos en el uso eficaz del territorio. 
• Detener, estabilizar y reorientar los proceso de intervención espontánea y descontrolada de la región y ordenar las áreas actualmente ocupadas, con base en escenarios alternativos de asentamiento y aprovechamiento que integren sus aspectos biofísicos, socio-económicos, culturales y de protección ambiental. 
• Conservar y manejar en forma integral el medio biofísico y la biodiversidad de la región, como fuente potencial de desarrollo nacional y regional, como banco genético y como elemento esencial de la calidad del medio ambiente. 
• Preservar las culturas indígenas que habitan en la región, en términos de su autodeterminación e integración a la nacionalidad. 
• Instrumentar y operacionalizar el proceso de descentralización administrativa, mediante la participación de las comunidades locales en la gestión del gobierno encaminada a ordenar el territorio. 

Estrategias de ordenamiento 
Las estrategias de ordenamiento constituyen un conjunto coherente de políticas, líneas de acción, proyectos y medios instrumentales que guían la formulación del Plan de Ordenamiento. Tales estrategias se derivan de los problemas y desequilibrios identificados en la diagnosis situacional que ese plan pretenda corregir. 
En este sentido, el diagnóstico situacional de la región del Pacífico colombiano permite identificar un área desarticulada tanto intra como interregionalmente, con un desarrollo desequilibrado y sin manejo ambiental, en el cual sobresale el uso del territorio alejado de su vocación y sin relación coherente con la localización y disponibilidad de los recursos naturales. Así mismo, presenta un desarrollo urbano desfavorable cuya característica principal es el crecimiento macrocefálico del puerto de Buenaventura. 
Con base en la situación anteriormente expuesta, el ordenamiento territorial de la región del Pacífico debe involucrar estrategias esenciales: de desarrollo sostenido y conservación ambiental; de integración funcional-espacial; mecanismos económicos y sociales. 

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