domingo, 15 de mayo de 2011

¿Debe Reducirse La Pobreza En Guatemala?


¿Debe Reducirse La Pobreza En Guatemala?
Por: Edelberto Torres-Rivas.
Leímos Para Usted: Renato Lechuga García.
No solo el PNUD sino los organismos financieros internacionales (FMI, BID, BM) que velan por los intereses del gran capital, continúan situando a Guatemala como el país latinoamericano más pobre, con excepción de Haití. Sociedad pobre significa que hay muchas personas pobres, y cuyo número crece. Siendo esto así, hoy día el mayor problema nacional, el más importante es el tema del hambre; aquí, ya existe una franja de más de 25 mil personas en situación tan frágil que han empezado a morir por falta de comida. La comparación ya no es con Haití sino con Benin y Sierra Leona, sociedades africanas muy rezagadas. La pobreza extrema es falta de alimentos. ¿Quiénes se mueren de hambre en un país como Guatemala que tiene la mayor tasa de importaciones de automóviles BMW y Mercedes Benz de la región? Los que no tienen trabajo, los que se han quedado sin tierra, los que están enfermos de por vida. Solo el dato de que muera “un” niño de hambre debería ser motivo de vergüenza nacional. La mitad de los niños guatemaltecos desde los cinco años padecen de desnutrición crónica ¡Esto, ya no es un tema del desarrollo, deja de ser un problema técnico para convertirse en una cuestión moral, de moral pública!
Niños de la comunidad Miramar, San Juan Tecuaco Santa Rosa; se divierten mientras quiebran una piñata, mas no así podrán quebrar la pobreza que azota a su comunidad. Foto de Renato Lechuga García.
Hay quienes no están de acuerdo con las estrategias para combatir la pobreza que elaboran la CEPAL y el PNUD. ¿Qué proponen? Pareciera que creen que la pobreza es un dato natural, inevitable, y por lo tanto que no es necesario preocuparse por las batallas contra la miseria. Hay realidades que no se pueden ocultar pero si subvalorar. Ciertamente si hubiese trabajo formal para todos, habría un gran alivio. Es oportuno citar, por ejemplo, el artículo de Hugo Maul en elPeriódico (9/5/11), donde informa que cada año se incorporan al mercado de trabajo 200 mil jóvenes, y enfatiza “En el mejor de los casos, uno de cada diez conseguirá un empleo formal… los nueve restantes deben valerse por sí mismos”. En consecuencia es una soberbia hipocresía argumentar que el trabajo es la solución. Maul termina su artículo afirmando que crear empleo para estos millones de jóvenes requiere “reformas profundas”, lo que se interpreta como la aplicación de sostenidas políticas estatales que permitan elevar el nivel de inversión en capital por trabajador. ¿Quién puede desarrollar estrategias para reducir la desocupación y el trabajo informal? Solamente un Estado que no se quede atrapado en un miserable 8 por ciento de la carga fiscal; un Estado que no sea tan pobre como los ciudadanos a los que quiere ayudar, que esté dirigido por políticos responsables.
En una sociedad bien administrada, con recursos fiscales y con sensibilidad social se puede tener éxito en el combate a la pobreza. En El Salvador, con un Gobierno de derecha moderna, la pobreza total pasó de ser 59.7 por ciento en 1991 a 37.8 por ciento en 2009; en Guatemala, donde la derecha es muy atrasada (no les importa que haya pobres) solo pasó de 62.8 en 1989 a 50.9 en 2006. Es decir en el país vecino bajo el porcentaje en 21.9 por ciento, un 10 por ciento más que en Guatemala. Para medir estas diferencias se ha aplicado la misma metodología en los dos períodos y en los dos países. La gravedad de la pobreza en Guatemala aumenta cuando se ven los números absolutos: en 1989 había 5.4 millones y en 2006 son 6.5 millones. Aún más grave es el dato que del total de pobres (2006) el 70.5 viven en el área rural y el 73 por ciento son indígenas. Tal vez por ello, hay algunos que no ven la pobreza o no la consideran un problema. Hay que recordar que estos son datos que no corresponden a ningún Gobierno, son series históricas que se elaboran sin pensar quién es el Presidente.
El distinguido analista colombiano Francisco Thuomi se preguntaba recientemente por qué discrepa la gente. Hay temas tan diferentes como el aborto, los derechos de los homosexuales, la propiedad intelectual o las políticas sociales. Existen posiciones irreconciliables cuando se basan en valores opuestos, argumentos trascendentales o en postulados que nadie puede probar. En el tema del aborto, lo pone como ejemplo, es imposible conciliar porque depende de cómo se define la vida, cuándo empieza. En el de los homosexuales, menos arduo, porque varía en función de cómo se califica lo que es normal en el sexo. Pero hay temas en los que hay datos, pruebas, historia, ciencia. Entre estos últimos están los problemas graves del desarrollo, las desigualdades sociales, la pobreza, el alfabetismo, el hambre. Por supuesto, la realidad social está ahí; se puede discrepar en su valoración y las estrategias para enfrentarla. Pero no desentenderse de ellas, discrepar por razones emocionales sin proponer alternativas políticas efectivas. No corresponde a las responsabilidades intelectuales y morales de esta época atroz que vive Guatemala creer que la pobreza es un fenómeno natural. ¡No, es resultado del accionar humano, es culpa de un mercado mal dirigido! La pobreza puede ser abatida. ¿Lo saben algunos periodistas, lo ignoran algunos profesores universitarios?

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